Diario del Campo

Fundado en 2012 por Alberto Cebrián

jueves, 20 de enero de 2022

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Investigadores de la Universidad de Córdoba y de la Universidad de California Davis han estudiado el comportamiento de distintas variedades de almendro frente a la contaminación por aflatoxinas, un problema grave por ser perjudiciales para la salud. Desde la Universidad de Córdoba se recuerda que en 2013 ganaderos andaluces tuvieron que destruir dos millones de litros de leche debido a la contaminación por aflatoxinas, que habían sido transmitidas al ganado a través de los cereales destinados a su alimentación. Estas toxinas están provocadas por hongos de la familia Aspergillus (Aspergillus flavus y A. parasiticus), que también plantean un problema para el almendro. Durante tres años han estado trabajando conjuntamente Juan Moral y María Teresa García por la Universidad de Córdoba, y Themis Michailides por la de California.

Analizaron el comportamiento de diferentes variedades de almendro ante el patógeno, evaluando el nivel de contaminación por aflatoxinas de los frutos de 29 variedades diferentes (20 tradicionales y 9 procedentes de un programa de mejora avanzada). A pesar de que no se encontró ninguna variedad inmune, nueve cultivares tradicionales y cuatro selecciones avanzadas se clasificaron como resistentes.

Tras detectar que las variedades resistentes provenían de cruces entre almendro y melocotón (que se suele utilizar como parental para hacer que las nuevas variedades de almendro sean autofértiles), “hicimos un ensayo comparando la resistencia de las semillas de melocotonero con la resistencia que mostraban las variedades de almendro Sonora (resistente) y Carmel (susceptible) y cultivares comunes de pistachos”. Es lo que explica la investigadora María Teresa García. De esta manera, pudieron comprobar que esa resistencia que presentaban las variedades de almendro a las que se había introducido germoplasma de melocotonero se debía a la resistencia que éste presenta ante la contaminación por aflatoxinas.

Se investigó, además, el papel de la cáscara de la almendra ante el patógeno, comprobando “que cuando la cáscara está intacta y sana el patógeno es incapaz de llegar a la semilla”, como señala Juan Moral. Sin embargo, “es muy normal que la cáscara tenga alguna abertura debido a insectos, daño físico o alguna condición propia de la planta, que permiten que el patógeno se introduzca”.

En California, el principal método de biocontrol que existe para hacer frente a la contaminación por aflatoxinas es el uso de la cepa de control biológico AF36. Este método, adaptado por el grupo del profesor Themis Michailides al almendro y pistacho, consiste en el uso de una cepa nativa de la especie Aspergillus flavus que tiene una mutación específica que detiene la producción de aflatoxinas, dejando así de ser tóxica. Con la aplicación de esta cepa de control biológico se desplazan las cepas tóxicas y se evita la contaminación.

Para completar el estudio se probó el efecto combinado de la resistencia varietal y la aplicación del método de biocontrol para conocer su efectividad. Para ello “inoculamos semillas de la variedad resistente Sonora y de la susceptible Carmel y vimos que este método de biocontrol funciona en los dos cultivares, pero la reducción del riesgo es más alta en el cultivar susceptible ya que la variedad resistente limita la colonización de la cepa no tóxica”, resalta María Teresa García.

Así, el método de biocontrol combinado con el uso de cultivares resistentes se vislumbra como una estrategia de protección robusta para luchar contra la contaminación por aflatoxinas en California. En España se conoce menos esta problemática, pero la extensión de almendros y la producción de almendras aumentan en este país, por lo que este estudio abre la puerta a aumentar el conocimiento sobre esta problemática para, en el día de mañana, poderle hacer frente.

3 de diciembre de 2021

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