La producción final agraria, que mide el valor comercial de las producciones agrícolas y ganaderas a la salida de las explotaciones, alcanzó en Aragón en 2021 los cinco mil cincuenta y dos millones de euros, superando por primera vez los cinco mil millones. Presentó un aumento de más del diez por ciento respecto al año 2020. Son datos que han dado el consejero de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente del Gobierno de Aragón, Joaquín Olona; y el director general de Desarrollo Rural, Jesús Nogués. Joaquín Olona dice que “los datos muestran un importante y sólido crecimiento del sector en su conjunto, y presentan una renta que, si bien también ha crecido para las explotaciones familiares, sigue presentando importantes retos para su mejora”. Tan sólo el dieciocho por ciento de la renta agraria total es atribuible al modelo familiar, que se muestra muy dependiente de las ayudas públicas. El consejero incide en “la necesidad de concentrar la ayuda pública en este modelo”. Entre 2016 y 2021 la producción final agraria de Aragón ha crecido un treinta y uno por ciento.
Las producciones ganaderas concentraron en 2021 el sesenta por ciento del valor comercial agrario total con una cifra de más de tres mil millones de euros y un aumento del cuatro por ciento. Destaca la producción porcina con mil novecientos sesenta millones de euros; experimenta una reducción con respecto a 2020 del uno por ciento debido a bajada de precios y a pesar de que la producción aumentó un seis por ciento. Le sigue el vacuno de carne, con cuatrocientos diecinueve millones de euros y un importante crecimiento del veintitrés por ciento debido al aumento de los precios y de la producción. El pollo, con doscientos quince millones de euros, ha reducido su producción un tres por ciento con respecto a 2020 debido a que el incremento de precios no ha sido capaz de compensar la caída de la producción. El ovino, con noventa y dos millones de euros, ha experimentado un crecimiento del dieciocho por ciento con respecto a 2020 debido al aumento de los precios.
Las producciones agrícolas alcanzaron en 2021 un valor superior a mil novecientos millones de euros. Destacan los cereales con un valor de más de mil millones de euros y un crecimiento del cuarenta y ocho por ciento con respecto a 2020, debido a un aumento muy significativo de los precios. La fruta alcanzó en 2021 un valor de cuatrocientos ochenta y tres millones de euros, experimentando una reducción del dos por ciento. El valor de la producción hortícola alcanzó los ciento treinta y dos millones de euros, creciendo un cuarenta y tres por ciento. El viñedo, con cuarenta y ocho millones de euros, sufrió una ligera reducción de un dos por ciento.
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X FNDR: “La agricultura debe aprovechar la revolución tecnológica que está viviendo pero precisará de profesionales formados y con capacidades”
“La tecnología, en forma de inteligencia artificial y robótica, se presenta como una herramienta y una oportunidad para el agro y el medio rural; no obstante, va a precisar de profesionales formados y con capacidades”. De ello se habló en el X Foro Nacional de Desarrollo Rural, celebrado en Zaragoza hace algunas semanas, en el marco de la Feria Internacional de Maquinaria Agrícola (FIMA).
La cuarta mesa técnica llevó por título “Agenda tecnológica, nuevos técnicos y nuevas tecnologías en el medio rural”. Fue coordinada por Javier García Ramos, catedrático de la Escuela Politécnica Superior de Huesca. Participaron Gonzalo Martín, Chief Product & Strategy Officer de Hispatec Agrointeligencia; Fernando Cuervo, director general de KUHN Ibérica; y Constantino Valero, catedrático de la Universidad Politécnica de Madrid.
La carta de presentación del X Foro Nacional de Desarrollo Rural apuntaba que “los nuevos técnicos están llamados a acompañar a quienes tomen las riendas de una explotación agraria”, y citaba la innovación, mecanización avanzada y digitalización como “los pilares de una agricultura más eficiente y sostenible, capaz de responder a los retos del presente sin comprometer las necesidades del futuro”.
En cuanto a la inteligencia artificial, Constantino Valero reconoció “la existencia de una burbuja, generada por parte del consumidor y del mundo académico, con muy numerosos eventos vinculados a esta tecnología”.
Gonzalo Martín incidió en eso, en que “se está magnificando todo lo relacionado con la inteligencia artificial” y en que “será una tecnología más: primero se ha de asentar y, luego, ya se verá qué valor añadido aporta”. Añadió que “sí es cierto que la generativa sí podrá tener recorrido en el sector agrario”.
Respecto a los datos, apuntó que “las máquinas pueden tomarlos de forma masiva; el nivel siguiente será el de su interpretación, para lo que es preciso que entre en juego la formación”. Indicó que “el ser humano siempre vencerá a la inteligencia artificial pero, para que ello ocurra, debe haber un soporte de información suficiente y una interpretación oportuna; por tanto, es necesario tener capacidades profesionales”.
Fernando Cuervo se detuvo en el campo de la robótica. A él le gusta hablar más de máquinas inteligentes que de robots. Dijo que “no podemos caer en decir que la robótica sustituirá a la mano de obra; sí pasará eso en casos de baja cualificación pero se precisará de un elevado grado de automatización y se necesitará personal muy especializado”.
Concluyó que “la tecnología ha de permitir afrontar la complejidad creciente de las explotaciones agrarias, a las que se exige más productividad y rendimiento, y ello de forma eficiente y sostenible”. Añadió que “todo lo tecnológico debe servir para que el trabajo del agricultor y del ganadero sea más sencillo”.
En esta mesa técnica de debate sobre “Agenda tecnológica, nuevos técnicos y nuevas tecnologías en el medio rural” se emplazó a la próxima edición de la Feria Internacional de Maquinaria Agrícola (FIMA), la de 2028, para ver qué ofrecen las empresas en inteligencia artificial y robótica.
Como conclusión y atendiendo a la reflexión realizada por Jesús Betrán, decano del Colegio Oficial de Ingenieros Agrónomos de Aragón, Navarra y País Vasco, “la agricultura vive una gran revolución tecnológica que puede mejorar la capacidad productiva y facilitar la vida en el medio rural; sin embargo, está creando importantes demandas formativas y de capacidades en los profesionales”.











