La campaña de forrajes deshidratados quedaba cerrada en España el pasado 31 de marzo. La producción ha sido de 1,26 millones de toneladas, lo que supone un descenso del trece por ciento respecto a la campaña anterior. Este retroceso se ha producido en todas las zonas productoras, excepto en Andalucía. La caída de producción en Aragón, referente en generación de alfalfa en España, ha sido del diez por ciento.
Hay que recordar que, de inicio, el número de hectáreas dedicadas a este cultivo era un ocho por ciento inferior a la campaña anterior. La Asociación Española de Fabricantes de Alfalfa Deshidratada (AEFA) señala que a ello se unió un rendimiento bastante bajo con relación a otras campañas, debido principalmente a la falta de agua para riego y a las altísimas temperaturas, que facilitaron la aparición de plagas.
La distribución de los productos fabricados por las industrias deshidratadoras españolas durante esta última campaña ha sido la siguiente: las balas de alfalfa deshidratada han sido el principal producto transformado con el cincuenta y cinco por ciento del total, seguido de los pellets de alfalfa con el veinte por ciento, un diez por ciento ha correspondido a otros forrajes (festuca, ray grass, vezas…), y el forraje mix y la avena forrajera deshidratada han supuesto un once y un cinco por ciento respectivamente.
AEFA dice que, desde el punto de vista de las ventas de forrajes deshidratados, la campaña 2022-2023 ha sido bastante positiva: “Se comenzó con una gran demanda, lo que hizo que conforme se iba produciendo se iba vendiendo el producto, tanto al mercado nacional como internacional. Conforme fueron transcurriendo los meses la demanda continuó sólida, notándose cierto parón a partir de febrero, cuando ya la mayoría de las empresas habían comercializado casi la totalidad de su producción”.
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