Diario del Campo

Fundado en 2012 por Alberto Cebrián

domingo, 11 de octubre de 2026

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La producción de Jamón y Paleta de Teruel DOP creció un 23 por ciento en 2020

La Denominación de Origen Protegida (DOP) Jamón de Teruel hace balance de 2020, año en el que la producción de Jamón y Paleta de Teruel DOP creció un 23 por ciento respecto a 2019. Desde la citada entidad se muestra su satisfacción tras observar que la pandemia de la COVID-19 no doblegaba la línea ascendente de producción de los últimos años.

El Jamón de Teruel DOP en curado registraba en 2020 un crecimiento del 23,4 por ciento, marcándose más de 349.000 piezas. El crecimiento en Paleta de Teruel DOP fue del 21,7 por ciento, llegando a casi 133.500 piezas certificadas.

El presidente del Consejo Regulador, Ricardo Mosteo, valora estos resultados por haber sido “un año muy complicado en el que el sector de la DOP Jamón de Teruel no sólo ha conseguido resistir sino que ha mantenido una evolución favorable en su producción”.

La pandemia también ha favorecido la digitalización de las empresas acogidas a la DOP para adaptarse a la nueva situación y poder así continuar con normalidad en sus actividades.

Esa digitalización ha permitido un aumento de las ventas on line, otro de los cambios destacables que se han producido en la DOP Jamón de Teruel durante la pandemia.

Las restricciones de movilidad han supuesto cambios en los patrones de consumo de las familias, que fueron abandonando el consumo en restaurantes a favor del consumo en casa.

El Consejo Regulador dio el paso también para realizar un estudio del ciclo de vida de su producto con el fin de conseguir una foto fija del impacto medioambiental que tiene la elaboración de sus productos y conocer en qué aspectos o partes del proceso se podría reducir esa huella para aumentar la sostenibilidad.

El Consejo Regulador terminaba 2020 con 148 granjas inscritas, 34 secaderos, 19 salas de envasado, 7 fábricas de piensos, 9 salas de despiece y 9 mataderos.

25 de enero de 2021

Otras noticias

Santa María la Mayor (el Pilar), apuesta de Zaragoza tras su conquista por Alfonso el Batallador

ALBERTO CEBRIÁN

La basílica del Pilar es uno de los iconos de Zaragoza. Está claro que no es un templo medieval, sino posterior. ¿Por qué se puede decir que fue clave para su existencia e, incluso, para la propia devoción a la Virgen el periodo en el que esta ciudad estuvo en manos del rey aragonés Alfonso el Batallador, que la conquistó en 1118?

La respuesta aparece en la novela histórica El Batallador y Granada, obra de quien suscribe, si bien se puede apuntar de forma breve que, hasta ese momento —comienzos del siglo XII—, la gran advocación en Zaragoza había sido la de Santa Engracia, aunque la madre de Jesucristo ya tenía su propio templo.

Éste era la iglesia de Santa María la Mayor, contigua a la domus romana en la que se encontraba la columna de jaspe —el pilar— vinculada, según la tradición cristiana, a la visita de la Virgen. Recuerden que en el año 2040 se cumplirá el segundo milenio de esa efemérides; ya hay carteles alusivos a ello en la basílica del Pilar.

Los citados inmuebles —iglesia y domus— estaban situados junto al río Ebro. El templo era de origen visigótico, el cual podía ser usado y visitado en tiempos de la Zaragoza islámica, llamada por entonces Saraqusta. Ha quedado dicho: podía ser usado y visitado en tiempos islámicos pero no restaurado, por lo que su estado de deterioro fue progresivo.

Cuando Alfonso el Batallador entró en la ciudad, y siendo obispo Pedro de Librana, se adoptaron varias decisiones: una de ellas fue consagrar la mezquita aljama como catedral, en honor a El Salvador en su Epifanía (las obras de remodelación tardarían varias décadas en llegar); recuperar y dignificar la iglesia de Santa María la Mayor; y levantar un templo que estuviese dedicado a María Magdalena.

Con el paso del tiempo, la devoción a la Virgen del Pilar fue en aumento. Felipe IV, en el siglo XVII, la instrumentalizó desde el punto de vista político, como elemento cohesionador de sus territorios, como escenificación de contar en sus dominios con el favor divino y como herramienta de lucha espiritual contra la Reforma protestante.

Tras la conquista de Zaragoza por Alfonso el Batallador, se habilitó un templo románico que tomó el relevo del visigótico; sin embargo, un incendio acaecido en el siglo XV obligó a afrontar la construcción de una nueva iglesia, que sería de estilo gótico-mudéjar y que no resultaría ser la definitiva.

La creciente devoción, ya citada antes, llevó en el siglo XVII a plantear levantar un inmueble mucho mayor. Debía rivalizar con la catedral de El Salvador pero no debía hacerlo en estilo gótico, sino siguiendo los nuevos cánones artísticos, ya que se había entrado en el periodo del Barroco.

El primer arquitecto que acometió esta empresa fue Francisco de Herrera el Mozo, completando la obra Ventura Rodríguez, que introdujo matices neoclásicos. Era el siglo XVIII. Los trabajos de construcción continuarían durante las centurias siguientes: XIX y XX, hasta quedar completamente rematada y tener la estampa actual.

9 de octubre de 2026 |
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