La Organización Interprofesional del Vino de España (OIVE) está trabajando, con el asesoramiento de la empresa de servicios profesionales KPMG, en la elaboración de un plan estratégico que permita aumentar de valor al sector vitivinícola en los próximos cinco años. OIVE busca alcanzar cuatro objetivos principales: “Identificar las claves y palancas para impulsar el sector en su conjunto; mejorar su percepción y posición internacional, a la vez que se impulsa el consumo interno; optimizar la competitividad de todos sus subsectores en el medio y largo plazo; y defender y valorizar el vino español y sus productos asociados”.
OIVE indica que “el sector vitivinícola español es líder en superficie mundial de viñedo y primer exportador por volumen”. Ángel Villafranca, presidente de OIVE, explica que “tenemos encima de la mesa el reto de avanzar en una mayor valorización de nuestros vinos y posicionarlos como les corresponde; en este sentido, el diseño de esta estrategia sectorial está teniendo en cuenta todas las realidades y estilos de vino, y nos dirá lo que queremos ser y el camino para alcanzarlo”.
Enrique Porta, socio responsable de consumo y distribución de KPMG en España, destaca “el ecosistema amplio y diverso del sector, que tiene un elevado impacto económico, cultural y social, y un fuerte arraigo en el ámbito rural, ayudando a vertebrar el territorio y generando un impacto positivo en su sostenibilidad; a través de este plan se persigue establecer una estrategia que permita potenciar su presencia internacional, incrementar el valor y reforzar su equilibrio y sostenibilidad económica”.
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Jóvenes agricultores y ganaderos de toda España se han reunido en la sede de John Deere en Parla (Madrid), bajo la organización de UPA. Ahí han reivindicado su papel: “Somos esenciales para el presente y el futuro de la producción de alimentos”. Cristóbal Cano, secretario general de la citada organización agraria, señala la principal conclusión del debate desarrollado: “Hay futuro para la agricultura y ganadería familiar pero es imprescindible asegurar una rentabilidad justa y estable de las explotaciones, así como servicios de calidad para los habitantes del medio rural”. Añade: “Echamos en falta que las ayudas estén adaptadas a las diferentes realidades sectoriales y territoriales que tenemos”. Los jóvenes insisten en el que consideran uno de los mayores escollos que se encuentran: “La burocracia, que complica su actividad hasta límites en ocasiones insoportables”.













