La Organización Interprofesional del Aceite de Oliva Español realiza un listado de cinco razones por las que regalar este producto durante estas próximas fiestas de Navidad. Apunta que, “con el aceite de oliva virgen extra recién obtenido, ésta es la mejor época para disfrutar de toda la frescura y aromas de la nueva cosecha”.
Añade que “regalar este ingrediente estrella de la Dieta Mediterránea se ha convertido en tendencia, gracias a los beneficios que aporta para salud, medio ambiente y economías rurales”.
Cita la amplia oferta de aceites, con presentaciones de diseño y con variedades para todos los paladares: Arbequina, cornicabra, hojiblanca, picual, empeltre, manzanilla cacereña, picudo,…
Las razones que esgrime la citada Interprofesional para regalar aceite de oliva estas navidades son:
1.- DESCUBRIR LOS ACEITES DE OLIVA VIRGEN EXTRA DE LA NUEVA TEMPORADA. “Cada año es único. Y eso se nota especialmente en el olivar. Las temperaturas, los vientos, la lluvia,… dan lugar a unos aromas y sabores únicos. Ahora, en plena recolección de la aceituna, llegan a nuestra mesa como una explosión de sensaciones, aromas, texturas, colores y sabores”.
2.- VERSATILIDAD GASTRONÓMICA. “Existe un gran número de varietales que aportan todo un universo de matices, aromas, sabores, sensaciones,… Como aliño, para freír, en postres, en coctelería,… El aceite de oliva aporta un plus a cualquier plato. Más aún en navidades, cuando queremos que nuestras preparaciones queden sabrosas y perfectas”.
3.- SALUDABLE. “Por su alto contenido en ácidos grasos monoinsaturados, que (en sustitución de grasas saturadas en nuestra dieta) ayudan a reducir el colesterol en la sangre; asimismo, los aceites de oliva virgen extra aportan antioxidantes naturales como los polifenoles y la Vitamina E”.
4.- SOSTENIBLE. “Los olivares son imprescindibles para la invernada de millones de aves de toda Europa, siendo el entorno ideal para proveer de alimento y morada a multitud de especies de fauna silvestre. De igual forma, cabe destacar que el olivar tiene y tendrá un protagonismo esencial para luchar contra el cambio climático y la desertización. No en vano, es el mayor bosque humanizado del planeta, un pulmón de oxígeno indiscutible”.
5.- ANTÍDOTO CONTRA EL ABANDONO DE LAS ZONAS RURALES. “Si hay un cultivo que contribuye a fijar población en el territorio y evitar el éxodo hacia las grandes ciudades ése es el olivar. Las grandes extensiones de olivos son una fuente de riqueza y empleo de primera magnitud en centenares de pueblos, especialmente de Andalucía, Castilla-La Mancha, Extremadura, Aragón, Cataluña, Islas Baleares y Comunidad Valenciana. Más de 340 millones de olivos que dan sustento a más de 300.000 familias en nuestro país”.
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Santa María la Mayor (el Pilar), apuesta de Zaragoza tras su conquista por Alfonso el Batallador
ALBERTO CEBRIÁN
La basílica del Pilar es uno de los iconos de Zaragoza. Está claro que no es un templo medieval, sino posterior. ¿Por qué se puede decir que fue clave para su existencia e, incluso, para la propia devoción a la Virgen el periodo en el que esta ciudad estuvo en manos del rey aragonés Alfonso el Batallador, que la conquistó en 1118?
La respuesta aparece en la novela histórica El Batallador y Granada, obra de quien suscribe, si bien se puede apuntar de forma breve que, hasta ese momento —comienzos del siglo XII—, la gran advocación en Zaragoza había sido la de Santa Engracia, aunque la madre de Jesucristo ya tenía su propio templo.
Éste era la iglesia de Santa María la Mayor, contigua a la domus romana en la que se encontraba la columna de jaspe —el pilar— vinculada, según la tradición cristiana, a la visita de la Virgen. Recuerden que en el año 2040 se cumplirá el segundo milenio de esa efemérides; ya hay carteles alusivos a ello en la basílica del Pilar.
Los citados inmuebles —iglesia y domus— estaban situados junto al río Ebro. El templo era de origen visigótico, el cual podía ser usado y visitado en tiempos de la Zaragoza islámica, llamada por entonces Saraqusta. Ha quedado dicho: podía ser usado y visitado en tiempos islámicos pero no restaurado, por lo que su estado de deterioro fue progresivo.
Cuando Alfonso el Batallador entró en la ciudad, y siendo obispo Pedro de Librana, se adoptaron varias decisiones: una de ellas fue consagrar la mezquita aljama como catedral, en honor a El Salvador en su Epifanía (las obras de remodelación tardarían varias décadas en llegar); recuperar y dignificar la iglesia de Santa María la Mayor; y levantar un templo que estuviese dedicado a María Magdalena.
Con el paso del tiempo, la devoción a la Virgen del Pilar fue en aumento. Felipe IV, en el siglo XVII, la instrumentalizó desde el punto de vista político, como elemento cohesionador de sus territorios, como escenificación de contar en sus dominios con el favor divino y como herramienta de lucha espiritual contra la Reforma protestante.
Tras la conquista de Zaragoza por Alfonso el Batallador, se habilitó un templo románico que tomó el relevo del visigótico; sin embargo, un incendio acaecido en el siglo XV obligó a afrontar la construcción de una nueva iglesia, que sería de estilo gótico-mudéjar y que no resultaría ser la definitiva.
La creciente devoción, ya citada antes, llevó en el siglo XVII a plantear levantar un inmueble mucho mayor. Debía rivalizar con la catedral de El Salvador pero no debía hacerlo en estilo gótico, sino siguiendo los nuevos cánones artísticos, ya que se había entrado en el periodo del Barroco.
El primer arquitecto que acometió esta empresa fue Francisco de Herrera el Mozo, completando la obra Ventura Rodríguez, que introdujo matices neoclásicos. Era el siglo XVIII. Los trabajos de construcción continuarían durante las centurias siguientes: XIX y XX, hasta quedar completamente rematada y tener la estampa actual.










