Diario del Campo

Fundado en 2012 por Alberto Cebrián

sábado, 10 de octubre de 2026

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La industria láctea reclama medidas extraordinarias para hacer frente a la inflación

La Federación Nacional de Industrias Lácteas (FeNIL) ha acogido en Madrid el Congreso Europeo de Industrias Lácteas EDA 2022 (European Dairy Association), la cita anual de mayor relevancia para el sector lácteo europeo. La sesión plenaria ha sido inaugurada por el ministro de Agricultura, Luis Planas. El lema del evento ha sido “Leche y lácteos, esenciales para tu vida”.

El presidente de FeNIL, Ignacio Elola, ha solicitado “la aplicación de medidas fiscales extraordinarias que permitan a la industria láctea mitigar los severos efectos de la inflación”. Ha destacado “la reciente suspensión del impuesto al plástico por parte del Gobierno italiano; en el caso español, este gravamen se introduce en un momento inoportuno, en el que la crisis energética y el alza del resto de las materias primas están generando la mayor inflación en décadas”.

Ignacio Elola ha asegurado que “el impuesto al plástico sitúa a España en una situación de desventaja frente a sus socios europeos, limitando la capacidad de todo el sector para continuar invirtiendo en innovación; además, supondrá un impacto para todo el sector industrial, especialmente para las pequeñas y medianas empresas, dificultando su pervivencia”.

Ha incidido en “el compromiso inquebrantable de la industria láctea con la España rural y la sostenibilidad, que requiere de unas políticas, inversiones, plazos y fiscalidad proporcionadas”.

Giussepe Ambrosi, presidente de la European Dairy Association, ha reafirmado “la cooperación de todos los agentes de la industria láctea con las instituciones europeas, a fin de garantizar la seguridad de abastecimiento alimentario, el apoyo al mundo rural y la construcción de una Europa sostenible y climáticamente neutra en 2050”.

25 de noviembre de 2022

Otras noticias

Santa María la Mayor (el Pilar), apuesta de Zaragoza tras su conquista por Alfonso el Batallador

ALBERTO CEBRIÁN

La basílica del Pilar es uno de los iconos de Zaragoza. Está claro que no es un templo medieval, sino posterior. ¿Por qué se puede decir que fue clave para su existencia e, incluso, para la propia devoción a la Virgen el periodo en el que esta ciudad estuvo en manos del rey aragonés Alfonso el Batallador, que la conquistó en 1118?

La respuesta aparece en la novela histórica El Batallador y Granada, obra de quien suscribe, si bien se puede apuntar de forma breve que, hasta ese momento —comienzos del siglo XII—, la gran advocación en Zaragoza había sido la de Santa Engracia, aunque la madre de Jesucristo ya tenía su propio templo.

Éste era la iglesia de Santa María la Mayor, contigua a la domus romana en la que se encontraba la columna de jaspe —el pilar— vinculada, según la tradición cristiana, a la visita de la Virgen. Recuerden que en el año 2040 se cumplirá el segundo milenio de esa efemérides; ya hay carteles alusivos a ello en la basílica del Pilar.

Los citados inmuebles —iglesia y domus— estaban situados junto al río Ebro. El templo era de origen visigótico, el cual podía ser usado y visitado en tiempos de la Zaragoza islámica, llamada por entonces Saraqusta. Ha quedado dicho: podía ser usado y visitado en tiempos islámicos pero no restaurado, por lo que su estado de deterioro fue progresivo.

Cuando Alfonso el Batallador entró en la ciudad, y siendo obispo Pedro de Librana, se adoptaron varias decisiones: una de ellas fue consagrar la mezquita aljama como catedral, en honor a El Salvador en su Epifanía (las obras de remodelación tardarían varias décadas en llegar); recuperar y dignificar la iglesia de Santa María la Mayor; y levantar un templo que estuviese dedicado a María Magdalena.

Con el paso del tiempo, la devoción a la Virgen del Pilar fue en aumento. Felipe IV, en el siglo XVII, la instrumentalizó desde el punto de vista político, como elemento cohesionador de sus territorios, como escenificación de contar en sus dominios con el favor divino y como herramienta de lucha espiritual contra la Reforma protestante.

Tras la conquista de Zaragoza por Alfonso el Batallador, se habilitó un templo románico que tomó el relevo del visigótico; sin embargo, un incendio acaecido en el siglo XV obligó a afrontar la construcción de una nueva iglesia, que sería de estilo gótico-mudéjar y que no resultaría ser la definitiva.

La creciente devoción, ya citada antes, llevó en el siglo XVII a plantear levantar un inmueble mucho mayor. Debía rivalizar con la catedral de El Salvador pero no debía hacerlo en estilo gótico, sino siguiendo los nuevos cánones artísticos, ya que se había entrado en el periodo del Barroco.

El primer arquitecto que acometió esta empresa fue Francisco de Herrera el Mozo, completando la obra Ventura Rodríguez, que introdujo matices neoclásicos. Era el siglo XVIII. Los trabajos de construcción continuarían durante las centurias siguientes: XIX y XX, hasta quedar completamente rematada y tener la estampa actual.

9 de octubre de 2026 |
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