Diario del Campo

Fundado en 2012 por Alberto Cebrián

domingo, 11 de octubre de 2026

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La industria española alimentaria se marca como retos para 2022 superar el impacto de la COVID-19 e impulsar las exportaciones

La Federación Española de Industrias de Alimentación y Bebidas (FIAB) ha celebrado asamblea general. Allí se ha hablado de los retos de este sector de cara a 2022: superar el impacto de la COVID-19, poner en valor la importancia social y económica del sector, combatir la desinformación sobre determinados productos e ingredientes, e impulsar las exportaciones. FIAB reivindica medidas que permitan potenciar el desarrollo de un sector estratégico para la economía española. En la asamblea general de esta federación ha participado el ministro de Agricultura, Luis Planas.

El presidente de FIAB, Tomás Pascual Gómez-Cuétara, ha reclamado “la creación de un entorno institucional y político estable que aporte seguridad a las empresas, así como iniciativas enfocadas a impulsar la actividad de los alimentos y bebidas como sector tractor para la economía española”. Indica que “nuestro sector cumple una labor indiscutible en el desarrollo económico y territorial, el equilibrio medioambiental, y el progreso social; insistimos en la importancia del diálogo y la colaboración público-privada para liderar la recuperación del conjunto de la economía española”.

El director general de FIAB, Mauricio García de Quevedo, se ha referido al “difícil momento por el que atraviesa la industria y toda la economía debido a la complicada situación coyuntural derivada de la inflación, la escalada de los costes energéticos y de materias primas, y las tensiones en el transporte, tanto nacional como internacional; debemos recordar que esta industria está compuesta mayoritariamente por PYMEs, para las que es más complicado corregir las distorsiones que se están produciendo en la operativa del sector”.

FIAB reclama que “se acompañe a las industrias de alimentación y bebidas con medidas fiscales que incentiven la actividad, evitando obstáculos añadidos a la ya complicada situación por la que atraviesa la economía; por ejemplo, desterrando cualquier aumento de la presión fiscal o manteniendo la unidad de mercado, entre otros”. Añade que “como sector estratégico es de suma importancia que las empresas de alimentación y bebidas reciban el apoyo del fondo europeo de reconstrucción para poder impulsar su transformación y recuperación”.

20 de diciembre de 2021

Otras noticias

Santa María la Mayor (el Pilar), apuesta de Zaragoza tras su conquista por Alfonso el Batallador

ALBERTO CEBRIÁN

La basílica del Pilar es uno de los iconos de Zaragoza. Está claro que no es un templo medieval, sino posterior. ¿Por qué se puede decir que fue clave para su existencia e, incluso, para la propia devoción a la Virgen el periodo en el que esta ciudad estuvo en manos del rey aragonés Alfonso el Batallador, que la conquistó en 1118?

La respuesta aparece en la novela histórica El Batallador y Granada, obra de quien suscribe, si bien se puede apuntar de forma breve que, hasta ese momento —comienzos del siglo XII—, la gran advocación en Zaragoza había sido la de Santa Engracia, aunque la madre de Jesucristo ya tenía su propio templo.

Éste era la iglesia de Santa María la Mayor, contigua a la domus romana en la que se encontraba la columna de jaspe —el pilar— vinculada, según la tradición cristiana, a la visita de la Virgen. Recuerden que en el año 2040 se cumplirá el segundo milenio de esa efemérides; ya hay carteles alusivos a ello en la basílica del Pilar.

Los citados inmuebles —iglesia y domus— estaban situados junto al río Ebro. El templo era de origen visigótico, el cual podía ser usado y visitado en tiempos de la Zaragoza islámica, llamada por entonces Saraqusta. Ha quedado dicho: podía ser usado y visitado en tiempos islámicos pero no restaurado, por lo que su estado de deterioro fue progresivo.

Cuando Alfonso el Batallador entró en la ciudad, y siendo obispo Pedro de Librana, se adoptaron varias decisiones: una de ellas fue consagrar la mezquita aljama como catedral, en honor a El Salvador en su Epifanía (las obras de remodelación tardarían varias décadas en llegar); recuperar y dignificar la iglesia de Santa María la Mayor; y levantar un templo que estuviese dedicado a María Magdalena.

Con el paso del tiempo, la devoción a la Virgen del Pilar fue en aumento. Felipe IV, en el siglo XVII, la instrumentalizó desde el punto de vista político, como elemento cohesionador de sus territorios, como escenificación de contar en sus dominios con el favor divino y como herramienta de lucha espiritual contra la Reforma protestante.

Tras la conquista de Zaragoza por Alfonso el Batallador, se habilitó un templo románico que tomó el relevo del visigótico; sin embargo, un incendio acaecido en el siglo XV obligó a afrontar la construcción de una nueva iglesia, que sería de estilo gótico-mudéjar y que no resultaría ser la definitiva.

La creciente devoción, ya citada antes, llevó en el siglo XVII a plantear levantar un inmueble mucho mayor. Debía rivalizar con la catedral de El Salvador pero no debía hacerlo en estilo gótico, sino siguiendo los nuevos cánones artísticos, ya que se había entrado en el periodo del Barroco.

El primer arquitecto que acometió esta empresa fue Francisco de Herrera el Mozo, completando la obra Ventura Rodríguez, que introdujo matices neoclásicos. Era el siglo XVIII. Los trabajos de construcción continuarían durante las centurias siguientes: XIX y XX, hasta quedar completamente rematada y tener la estampa actual.

9 de octubre de 2026 |
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