Diario del Campo

Fundado en 2012 por Alberto Cebrián

miércoles, 20 de octubre de 2021

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Robustez, rusticidad, capacidad de adaptación, raíz superpivotante, costes de producción limitados,… son características que convierten a la Camelina en una alternativa interesante y buena para los terrenos áridos y semiáridos de Aragón, los cuales ocupan un 70 por ciento de su territorio.

La Camelina sativa, el sésamo bastardo, es una especie de planta herbácea perteneciente a la familia Brassicaceae. Es nativa del Europa del Norte y Asia central, y en época contemporánea se lleva cultivando en Aragón desde el año 2011.

Miguel Gutiérrez, jefe de la Unidad de Cultivos Herbáceos del Centro de Transferencia Agroalimentaria de Aragón, recuerda que en ese año se descubrió este cultivo por mera casualidad.

Cuenta que “fue un año nefasto para el campo, especialmente en el Bajo Aragón, en el que prácticamente no hubo cosecha de cereal; un pequeño campo de Camelina, junto a la finca experimental cercana a Híjar, había llegado a la plena floración y fue cosechado en condiciones satisfactorias”.

Miguel Gutiérrez reconoce que desde ese momento “el interés fue el de trabajar con un cultivo realmente rústico, y que podía tener un cierto recorrido en los secanos áridos y semiáridos de Aragón”.

Incide en que se ha creado una relación estrecha con la empresa Camelina Company, que lo comercializa y transforma en aceite o bioqueroseno.

Y añade que la finca experimental de Sádaba (Zaragoza) es actualmente la referencia para trabajar en las líneas que se han obtenido con diferentes aptitudes y calidades.

En cuanto a rendimientos, Miguel Gutiérrez señala que el techo productivo de esta especie puede estar entre los 1.000 kilos por hectárea en secano y los 2.500-3.000 en regadío.

A este cultivo el Grupo Borau le dedicaba un artículo, en el que se hacía algo de Historia sobre la Camelina, que fue cultivada en el Norte de Europa durante la Edad del Bronce; sus semillas fueron aplastadas y hervidas para obtener aceite para usos alimentarios, medicina y lámparas de aceite. Se sabe que los romanos usaban el aceite de camelina para masajes y como combustible de lámpara.

Se trata de una hierba relativamente común en gran parte de Europa, también conocida como falso lino. Aunque su cultivo estuvo muy extendido en Europa y Rusia hasta 1940, la camelina fue desplazada por los grandes cultivos después de la Segunda Guerra Mundial, gracias a los programas de apoyo que favorecían la producción de grano frente a cultivos oleaginosos.

En los últimos años, la producción de camelina se ha incrementado en el mundo.

La planta mide entre 30 y 120 centímetros de altura, tiene las hojas lanceoladas y su fruto es una pequeña silicua que alberga entre 8 y 15 semillas que poseen entre un 33 y un 42 por ciento de aceite. Las semillas son de pequeño tamaño.

El cultivo de camelina presenta una gran resistencia a la sequía y heladas, necesidades moderadas de fertilización. Este artículo publicado por Grupo Borau indica que las principales ventajas de la Camelina son:

– Robustez: Altamente resistente al frío y a la sequía.

– Ciclo: Cultivo anual de ciclo corto.

– Tecnología: Cultivo mecanizado con maquinaria convencional.

– Inversión: Bajo coste de producción. Fertilización moderada.

– Terrenos: Terrenos de barbecho y en rotación con cereales.

Los productos obtenidos a partir del cultivo de Camelina se orientan hacia dos campos: Biocombustibles y alimentación animal.

Su aceite vegetal se puede emplear en la producción de biocombustibles para el sector de la automoción (biodiésel) y de la aviación (bioqueroseno).

Por otro lado, la harina de camelina, rica en proteínas, puede emplearse en diferentes dietas de alimentación animal: Ganado vacuno y porcino, aves de corral para carne y producción de huevos, y peces.

22 de abril de 2020

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19 de octubre de 2021 |
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