La Escuela Politécnica Superior de Huesca, perteneciente a la Universidad de Zaragoza, acogió el pasado viernes, 4 de abril de 2025, la jornada “El conocimiento actual sobre los suelos en Aragón”. Se dijo en esta sesión que “Aragón, a diferencia de otras comunidades, carece de una información de suelos accesible y útil para sus ciudadanos”; y que “los suelos son cruciales para la alimentación, la naturaleza y nuestra economía, y merecen el mismo nivel de protección que el agua, el aire y el medio marino”.
El coordinador de esta jornada fue el catedrático David Badía, que la resume de la siguiente forma:
“La jornada concentró a miembros de los diferentes grupos de investigación que tienen como denominador común el estudio del suelo en territorio aragonés. Participó una veintena de ponentes (procedentes de la EEAD-CSIC, IPE-CSIC, UNIZAR e ICGC), que expusieron los principales logros obtenidos en los últimos años y sus proyectos a corto plazo.
La sala de grados de la Escuela Politécnica Superior de Huesca completó su aforo, con un público muy interesado y participativo.
Durante la jornada se mostraron las nuevas tecnologías no destructivas que se están testando para determinar componentes del suelo (materia orgánica, granulometría, humedad, nutrientes,…) y evaluar sus tasas de erosión bajo diferente manejo.
Se mostraron los avances en la cuantificación de propiedades como la infiltración del agua en el suelo, fundamental para la planificación de regadíos; también sobre los indicadores de la salud del suelo y la influencia del manejo sobre la emisión de gases de efecto invernadero.
Otro grupo de ponencias versó sobre la trascendencia de la biota en el buen funcionamiento del suelo, en especial cómo las lombrices influyen en el ciclo del carbono o cómo los hongos se asocian con la mayoría de las plantas para beneficiarse mutuamente.
Se expuso cómo algunas plantas monegrinas son capaces de extraer agua incluso de las piedras (de yeso, en este caso).
Se revisaron los efectos que los incendios forestales y las quemas prescritas tienen sobre los suelos y la sucesión vegetal.
Se aportaron nuevos conocimientos sobre los suelos de los humedales salinos, donde la combinación de agua, yeso y sales más solubles les confiere una gran singularidad.
Las últimas charlas trataron sobre la variabilidad espacial de los suelos; en concreto, se anunció que se está elaborando un mapa de suelos del Pirineo, cuya presentación se prevé para el próximo año, y se resaltó la participación aragonesa en la elaboración del próximo Atlas Nacional de España”.
David Badía también enumera las conclusiones del evento:
“Es remarcable el gran nivel de los diferentes grupos participantes, en muchos casos con renovados equipos, especialmente investigadoras.
El crecimiento de estos grupos va ligado a la creciente necesidad que la sociedad, en general, y los usuarios del suelo, en particular, tienen por conocer y monitorizar las propiedades del suelo y cumplir con la legislación vigente: el “Pacto por el suelo”, la “Ley de vigilancia del suelo”, la “Directiva de protección de las aguas contra la contaminación producida por nitratos procedentes de fuentes agrarias”, el “Real Decreto de nutrición sostenible” o la propia Política Agraria Común (PAC).
A pesar de que el suelo ha entrado en las agendas tanto nacionales como internacionales (por su impacto en el cambio climático, en la producción de alimentos, en la calidad del agua, en la conservación de la biodiversidad,…), existen carencias en la formación de profesionales expertos en la gestión del suelo e incluso en la consideración social de un recurso tan esencial.
El suelo no es objeto de estudio en la Enseñanza Secundaria Obligatoria y está infravalorado incluso en grados universitarios, donde el suelo debería ser protagonista.
Aragón, a diferencia de otras comunidades, carece de una información de suelos accesible y útil para sus ciudadanos. Y es que las administraciones autonómicas son responsables de elaborar la información cartográfica de suelos a un nivel de intensidad que resulte apropiado para la gestión agrícola, la ordenación territorial, la planificación urbanística y la propia investigación científica.
Los suelos son cruciales para la alimentación, la naturaleza y nuestra economía, y merecen el mismo nivel de protección que el agua, el aire y el medio marino”.
Otras noticias
Santa María la Mayor (el Pilar), apuesta de Zaragoza tras su conquista por Alfonso el Batallador
ALBERTO CEBRIÁN
La basílica del Pilar es uno de los iconos de Zaragoza. Está claro que no es un templo medieval, sino posterior. ¿Por qué se puede decir que fue clave para su existencia e, incluso, para la propia devoción a la Virgen el periodo en el que esta ciudad estuvo en manos del rey aragonés Alfonso el Batallador, que la conquistó en 1118?
La respuesta aparece en la novela histórica El Batallador y Granada, obra de quien suscribe, si bien se puede apuntar de forma breve que, hasta ese momento —comienzos del siglo XII—, la gran advocación en Zaragoza había sido la de Santa Engracia, aunque la madre de Jesucristo ya tenía su propio templo.
Éste era la iglesia de Santa María la Mayor, contigua a la domus romana en la que se encontraba la columna de jaspe —el pilar— vinculada, según la tradición cristiana, a la visita de la Virgen. Recuerden que en el año 2040 se cumplirá el segundo milenio de esa efemérides; ya hay carteles alusivos a ello en la basílica del Pilar.
Los citados inmuebles —iglesia y domus— estaban situados junto al río Ebro. El templo era de origen visigótico, el cual podía ser usado y visitado en tiempos de la Zaragoza islámica, llamada por entonces Saraqusta. Ha quedado dicho: podía ser usado y visitado en tiempos islámicos pero no restaurado, por lo que su estado de deterioro fue progresivo.
Cuando Alfonso el Batallador entró en la ciudad, y siendo obispo Pedro de Librana, se adoptaron varias decisiones: una de ellas fue consagrar la mezquita aljama como catedral, en honor a El Salvador en su Epifanía (las obras de remodelación tardarían varias décadas en llegar); recuperar y dignificar la iglesia de Santa María la Mayor; y levantar un templo que estuviese dedicado a María Magdalena.
Con el paso del tiempo, la devoción a la Virgen del Pilar fue en aumento. Felipe IV, en el siglo XVII, la instrumentalizó desde el punto de vista político, como elemento cohesionador de sus territorios, como escenificación de contar en sus dominios con el favor divino y como herramienta de lucha espiritual contra la Reforma protestante.
Tras la conquista de Zaragoza por Alfonso el Batallador, se habilitó un templo románico que tomó el relevo del visigótico; sin embargo, un incendio acaecido en el siglo XV obligó a afrontar la construcción de una nueva iglesia, que sería de estilo gótico-mudéjar y que no resultaría ser la definitiva.
La creciente devoción, ya citada antes, llevó en el siglo XVII a plantear levantar un inmueble mucho mayor. Debía rivalizar con la catedral de El Salvador pero no debía hacerlo en estilo gótico, sino siguiendo los nuevos cánones artísticos, ya que se había entrado en el periodo del Barroco.
El primer arquitecto que acometió esta empresa fue Francisco de Herrera el Mozo, completando la obra Ventura Rodríguez, que introdujo matices neoclásicos. Era el siglo XVIII. Los trabajos de construcción continuarían durante las centurias siguientes: XIX y XX, hasta quedar completamente rematada y tener la estampa actual.











