El Palacio de Exposiciones y Congresos de Teruel acogía el acto institucional de entrega de las medallas a los mejores jamones y paletas de Teruel, en el marco de celebración de la XXXVIII Feria del Jamón de Teruel. JAELCA ha obtenido la medalla de oro al mejor jamón, y TBC RUBIELOS 2016 a la mejor paleta.
MEJOR JAMÓN DE TERUEL
JAELCA ha sido considerada la mejor marca de Jamón de Teruel en 2022, gracias a una pieza curada en el secadero de JAELCA, cuyo periodo de elaboración hasta su presentación a concurso fue de ciento treinta y tres semanas. El cerdo que produjo este jamón de Teruel ganador se engordó en la granja cuyo titular es Javier Gonzalvo, ubicada en la localidad de Camañas (Teruel). El presidente de Aragón, Javier Lambán, entregaba el trofeo a Miguel Domingo, propietario del secadero.
La medalla de plata ha sido para la marca LIBERNO, con una pieza de ciento veintinueve semanas de curación en el secadero VALVERDE AIRESANO 1929, ubicado en La Puebla de Valverde (Teruel).El cerdo que produjo este jamón se engordó en la granja cuyo titular es Manuel Redón, que se encuentra en Valbona (Teruel).
La medalla de bronce ha sido para la marca LOS ALCORES y el secadero de destino para su elaboración fue JAMONES LOS ALCORES. El cerdo que produjo esta pieza se engordó en la granja de Soro Mateo, ubicada en la localidad de La Ginebrosa (Teruel).
MEJOR PALETA DE TERUEL
La marca ANTONIO MATA de TBC RUBIELOS 2016 ha conseguido alzarse con la medalla de oro a la mejor paleta de Teruel en 2022. La pieza ganadora tiene ochenta y ocho semanas de curación y el cerdo que ha producido esta paleta se engordó en la Granja San Antonio, ubicada en la localidad de Rubielos de Mora (Teruel).
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Santa María la Mayor (el Pilar), apuesta de Zaragoza tras su conquista por Alfonso el Batallador
ALBERTO CEBRIÁN
La basílica del Pilar es uno de los iconos de Zaragoza. Está claro que no es un templo medieval, sino posterior. ¿Por qué se puede decir que fue clave para su existencia e, incluso, para la propia devoción a la Virgen el periodo en el que esta ciudad estuvo en manos del rey aragonés Alfonso el Batallador, que la conquistó en 1118?
La respuesta aparece en la novela histórica El Batallador y Granada, obra de quien suscribe, si bien se puede apuntar de forma breve que, hasta ese momento —comienzos del siglo XII—, la gran advocación en Zaragoza había sido la de Santa Engracia, aunque la madre de Jesucristo ya tenía su propio templo.
Éste era la iglesia de Santa María la Mayor, contigua a la domus romana en la que se encontraba la columna de jaspe —el pilar— vinculada, según la tradición cristiana, a la visita de la Virgen. Recuerden que en el año 2040 se cumplirá el segundo milenio de esa efemérides; ya hay carteles alusivos a ello en la basílica del Pilar.
Los citados inmuebles —iglesia y domus— estaban situados junto al río Ebro. El templo era de origen visigótico, el cual podía ser usado y visitado en tiempos de la Zaragoza islámica, llamada por entonces Saraqusta. Ha quedado dicho: podía ser usado y visitado en tiempos islámicos pero no restaurado, por lo que su estado de deterioro fue progresivo.
Cuando Alfonso el Batallador entró en la ciudad, y siendo obispo Pedro de Librana, se adoptaron varias decisiones: una de ellas fue consagrar la mezquita aljama como catedral, en honor a El Salvador en su Epifanía (las obras de remodelación tardarían varias décadas en llegar); recuperar y dignificar la iglesia de Santa María la Mayor; y levantar un templo que estuviese dedicado a María Magdalena.
Con el paso del tiempo, la devoción a la Virgen del Pilar fue en aumento. Felipe IV, en el siglo XVII, la instrumentalizó desde el punto de vista político, como elemento cohesionador de sus territorios, como escenificación de contar en sus dominios con el favor divino y como herramienta de lucha espiritual contra la Reforma protestante.
Tras la conquista de Zaragoza por Alfonso el Batallador, se habilitó un templo románico que tomó el relevo del visigótico; sin embargo, un incendio acaecido en el siglo XV obligó a afrontar la construcción de una nueva iglesia, que sería de estilo gótico-mudéjar y que no resultaría ser la definitiva.
La creciente devoción, ya citada antes, llevó en el siglo XVII a plantear levantar un inmueble mucho mayor. Debía rivalizar con la catedral de El Salvador pero no debía hacerlo en estilo gótico, sino siguiendo los nuevos cánones artísticos, ya que se había entrado en el periodo del Barroco.
El primer arquitecto que acometió esta empresa fue Francisco de Herrera el Mozo, completando la obra Ventura Rodríguez, que introdujo matices neoclásicos. Era el siglo XVIII. Los trabajos de construcción continuarían durante las centurias siguientes: XIX y XX, hasta quedar completamente rematada y tener la estampa actual.











