Diario del Campo

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sábado, 10 de octubre de 2026

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Invertir en capital humano y desarrollar capacidades en materia de agua, herramientas fundamentales en la lucha contra la sequía

“La inversión en capital humano y el desarrollo de capacidades en materia de agua son herramientas fundamentales frente a la escasez de recursos hídricos en las regiones mediterráneas, especialmente vulnerables a los efectos del cambio climático”. Así lo han destacado los expertos reunidos por el CIHEAM Zaragoza en un seminario web celebrado con motivo este 22 de marzo del Día Mundial del Agua.

El evento ha puesto el foco en los programas de formación necesarios para impulsar una gestión sostenible del agua en un contexto de escasez y cambio climático. Raúl Compés, director del CIHEAM Zaragoza, ha señalado que “la región del Mediterráneo, que está sufriendo una sequía histórica, necesita más coordinación, mejores políticas y más profesionales para mejorar la eficiencia en el uso del agua, aumentar la disponibilidad de los recursos hídricos y reducir las pérdidas”.

Se ha dicho igualmente que “la escasez y la calidad del agua, el aumento de las sequías y las inundaciones, la producción agrícola sostenible y la seguridad alimentaria son sólo algunos de los retos relacionados con el agua a los que se enfrentan los países mediterráneos”. Se prevé que estos problemas se agraven en los próximos años debido a los efectos del cambio climático y otros factores como el crecimiento demográfico o la urbanización.

Durante el seminario, el profesor de Investigación del CSIC Enrique Playán ha presentado la próxima edición 2024-2026 del Máster Internacional en Gestión Sostenible y Gobernanza del Agua en el Medio Natural y Agrario del CIHEAM Zaragoza, del que es coordinador científico. Tiene como principal objetivo “formar a los futuros profesionales responsables de la toma de decisiones en el ámbito de la gestión sostenible y la gobernanza del agua”.

22 de marzo de 2024

Otras noticias

Santa María la Mayor (el Pilar), apuesta de Zaragoza tras su conquista por Alfonso el Batallador

ALBERTO CEBRIÁN

La basílica del Pilar es uno de los iconos de Zaragoza. Está claro que no es un templo medieval, sino posterior. ¿Por qué se puede decir que fue clave para su existencia e, incluso, para la propia devoción a la Virgen el periodo en el que esta ciudad estuvo en manos del rey aragonés Alfonso el Batallador, que la conquistó en 1118?

La respuesta aparece en la novela histórica El Batallador y Granada, obra de quien suscribe, si bien se puede apuntar de forma breve que, hasta ese momento —comienzos del siglo XII—, la gran advocación en Zaragoza había sido la de Santa Engracia, aunque la madre de Jesucristo ya tenía su propio templo.

Éste era la iglesia de Santa María la Mayor, contigua a la domus romana en la que se encontraba la columna de jaspe —el pilar— vinculada, según la tradición cristiana, a la visita de la Virgen. Recuerden que en el año 2040 se cumplirá el segundo milenio de esa efemérides; ya hay carteles alusivos a ello en la basílica del Pilar.

Los citados inmuebles —iglesia y domus— estaban situados junto al río Ebro. El templo era de origen visigótico, el cual podía ser usado y visitado en tiempos de la Zaragoza islámica, llamada por entonces Saraqusta. Ha quedado dicho: podía ser usado y visitado en tiempos islámicos pero no restaurado, por lo que su estado de deterioro fue progresivo.

Cuando Alfonso el Batallador entró en la ciudad, y siendo obispo Pedro de Librana, se adoptaron varias decisiones: una de ellas fue consagrar la mezquita aljama como catedral, en honor a El Salvador en su Epifanía (las obras de remodelación tardarían varias décadas en llegar); recuperar y dignificar la iglesia de Santa María la Mayor; y levantar un templo que estuviese dedicado a María Magdalena.

Con el paso del tiempo, la devoción a la Virgen del Pilar fue en aumento. Felipe IV, en el siglo XVII, la instrumentalizó desde el punto de vista político, como elemento cohesionador de sus territorios, como escenificación de contar en sus dominios con el favor divino y como herramienta de lucha espiritual contra la Reforma protestante.

Tras la conquista de Zaragoza por Alfonso el Batallador, se habilitó un templo románico que tomó el relevo del visigótico; sin embargo, un incendio acaecido en el siglo XV obligó a afrontar la construcción de una nueva iglesia, que sería de estilo gótico-mudéjar y que no resultaría ser la definitiva.

La creciente devoción, ya citada antes, llevó en el siglo XVII a plantear levantar un inmueble mucho mayor. Debía rivalizar con la catedral de El Salvador pero no debía hacerlo en estilo gótico, sino siguiendo los nuevos cánones artísticos, ya que se había entrado en el periodo del Barroco.

El primer arquitecto que acometió esta empresa fue Francisco de Herrera el Mozo, completando la obra Ventura Rodríguez, que introdujo matices neoclásicos. Era el siglo XVIII. Los trabajos de construcción continuarían durante las centurias siguientes: XIX y XX, hasta quedar completamente rematada y tener la estampa actual.

9 de octubre de 2026 |
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