El Alto Aragón lleva habitado desde hace milenios. Tuvo moradores nómadas, que se guarecían en cuevas y abrigos, y vio nacer los primeros asentamientos estables, como es el caso de Huesca, ciudad que cuenta con vestigios que datan de tiempos prehistóricos.
Así ocurrió en numerosos enclaves de esta provincia, no siendo una excepción la comarca de La Jacetania, un territorio en el que la naturaleza y el patrimonio histórico y artístico se dan estrechamente la mano, creando un enclave de una belleza singular y con una magia cautivadora.
No deja de ser curioso que monumentos vinculados con la muerte sean los que nos dan testimonio de esa vida constante que hubo en las montañas pirenaicas. Varios son los megalitos que ahí encontramos, tanto con forma de dolmen como de túmulo.
Los romanos frecuentaron los parajes jacetanos, usando los pasos transpirenaicos de Palo y Somport, término éste último que procede del latino Summus Portus o “puerto más alto”. Ambas vías de comunicación sirvieron para conectar las tierras hispanas y la Galia.
Y ahí, en La Jacetania, ya en la Edad Media, nació Aragón como entidad política. Precisamente el río que lleva ese mismo nombre —Aragón— discurre por esta comarca, yendo primero de norte a sur y luego de este a oeste, tras virar hacia poniente a la altura de Jaca.
Los Pirineos son un entorno duro y hostil. Lo son en una medida comparable con su belleza. Han sido sufridos y también disfrutados desde siempre por moradores y viajeros. Son paisajes imponentes, llegando a merecer su reconocimiento oficial, con el fin de que puedan ser protegidos de generación en generación.
Sirva mencionar los espacios naturales de los Valles Occidentales, Foces de Fago y Biniés, y San Juan de la Peña y Monte Oroel. Estamos ante un paraíso, a disposición de todos los amantes del paisajismo. Es pura montaña pirenaica, con el contrapunto que hallamos en ciertas zonas de llano, como la Canal de Berdún y la Val Ancha.
En la primera —no se sabe muy bien dónde, aunque es posible que fuese en las proximidades de Puente la Reina de Jaca— se ubicó la que podría considerarse residencia primigenia de la Casa de Aragón. Ese lugar se llamó Astorito y fue citado en el Códice Calixtino por Aymeric Picaud, si es que éste fue en verdad el autor de esa obra.
Tal residencia no era suficiente, por lo que uno de los primeros monarcas aragoneses, en concreto Sancho Ramírez, dispuso que hubiese una suerte de capital en el naciente Reino de Aragón, que ya estaba dejando atrás su etapa condal y que miraba al futuro con mayores cotas de ambición. El soberano eligió la villa de Jaca para tal cometido.
No sólo hizo eso, sino que también impulsó la construcción de su catedral y potenció el Camino de Santiago, que discurría y discurre junto al río Aragón. En aquellos tiempos —Plena Edad Media— se levantó el hospital de peregrinos de Santa Cristina de Somport, que se convertiría en uno de los más importantes de la cristiandad, según el mencionado Códice Calixtino.
Los monasterios de San Pedro de Siresa, San Juan de la Peña y Santa Cruz de la Serós, así como otros muchos emblemas monumentales de La Jacetania, aparecen diseminados a lo largo y ancho de un territorio que nos transporta a otra época: el Medievo.
San Juan de la Peña quizá constituye el símbolo identitario aragonés más importante, llamando la atención su ubicación bajo una gran montaña pétrea y albergando uno de los panteones reales de Aragón, con los restos de Ramiro I, Sancho Ramírez y Pedro I.
Los amantes del Medievo y de su estilo arquitectónico y artístico dominante —el Románico—tienen parada obligada en el Museo Diocesano de Jaca, que se presenta a sí mismo como el que alberga una de las mejores colecciones de España sobre aquella etapa fascinante de la historia.
En aquel entonces la economía era poco más que de mera subsistencia; se fundamentaba en la agricultura y la ganadería. Por ello, encontrar nuevos ingresos se planteaba vital. El turismo era el que podía reportar beneficios dinerarios pero, ¿quiénes eran los que lo practicaban por esas fechas?
La respuesta la encontramos en los peregrinos, los cuales comenzaron a suponer una fuente de ingresos para los negocios locales y para las arcas del Reino de Aragón. Con el fin de atraerlos era necesario contar con un reclamo de excepción: las reliquias. La demarcación jacetana contaba con una de enorme significación.
Se trataba de un cuenco de ágata cornalina, que había sido utilizado por Jesucristo en su última cena, según la tradición cristiana. San Pedro lo había llevado desde Tierra Santa hasta Roma y Lorenzo de Huesca —San Lorenzo— lo envió a su ciudad natal para su protección, en el transcurso de una persecución del Imperio romano.
También para su seguridad, tras la invasión musulmana de la península Ibérica, ese cáliz sagrado —el Santo Grial— se custodió en varios enclaves pirenaicos, como Yebra de Basa, San Pedro de Siresa, San Adrián de Sasabe, Bailo, Jaca y San Juan de la Peña. En este último emplazamiento es en el que más tiempo estuvo durante la Edad Media.
Hemos citado la agricultura y la ganadería. Son dos actividades económicas que siguen teniendo en el siglo XXI un gran protagonismo en la vida de La Jacetania, y a su promoción se dedica EXPOFORGA, un certamen que es punto de encuentro de los habitantes de esta comarca, así como de visitantes venidos desde distintos lares.
El sector agroalimentario debe adaptarse, como todos los demás, a las nuevas circunstancias locales y globales; por ello, es de vital importancia apostar por la investigación y la innovación, cobrando un especial protagonismo en este menester la finca experimental de La Garcipollera.
También hemos citado a los viajeros de antaño —los peregrinos— pero, ¿cuál es el turismo del presente? En parte, el desempeñado por esas mismas personas. Porque el peregrinaje sigue teniendo en el siglo XXI un vínculo muy estrecho con el Camino de Santiago.
Hay tantos trazados como peregrinos quieren llegar a Compostela. No obstante, hay trayectos comunes que ya han quedado dibujados en el mapa y en el territorio de forma indeleble. Uno de ellos es el Camino Francés por Aragón. Son muchas las personas que eligen esta ruta año a año, remontando el curso del río Aspe en Francia, atravesando los Pirineos por el Somport y, ya en España, descendiendo junto al río Aragón.
El itinerario jacobeo a su paso por la provincia de Huesca cuenta con un complemento de excepción, en forma de certamen de música: el Festival Internacional en el Camino de Santiago. Éste entronca plenamente con el espíritu de los peregrinos, basado en una búsqueda interior y en una exaltación de la belleza.
El turismo en La Jacetania no se circunscribe únicamente a ello, sino que se abre a un vasto abanico de posibilidades que este territorio ofrece: turismo cultural vinculado con el Románico y turismo deportivo, con innumerables modalidades que ahí se pueden llevar a cabo.
Algunos ejemplos de esto último son el senderismo, alpinismo, bicicleta de montaña y las actividades acuáticas en el embalse de Yesa, en los municipios jacetanos que pertenecen a la provincia de Zaragoza. Claro está, no se puede olvidar la práctica del esquí, con dos grandes referentes en el mundo de la nieve como son Astún y Candanchú.
En la base de ambas estaciones invernales hay otra de carácter bien diferente: la ferroviaria de Canfranc. Su majestuoso edificio se construyó en el primer cuarto del siglo XX y se diseñó para impresionar a los viajeros que entraban en España. Sigue impactando por su espectacular arquitectura, enmarcada en el bello paisaje pirenaico que la circunda, en el nacimiento del valle del río Aragón.
Muchos nostálgicos o románticos del tren quieren que se reabra el tráfico internacional pero, de momento, ese inmueble emblemático se ha reconvertido en hotel de lujo. Y es mucho, dado el estado de abandono y de deterioro en el que llegó a caer en las últimas décadas del siglo XX.
En lo que se refiere al túnel ferroviario que, bajo las montañas, conecta España y Francia, alberga un laboratorio subterráneo que sirve para estudiar los neutrinos, la materia oscura,… Está dedicado, en definitiva, a la física de astropartículas, siendo una de las instalaciones más avanzadas del continente europeo en esta disciplina.
Pero, llegados a este punto, ¿cuál es la gastronomía típica de La Jacetania?
Sin duda, hay que citar el lechal ansotano y también es el momento de hablar de la olla jacetana, en la que no pueden faltar los boliches de Embún. Éste es un plato contundente que unifica la cocina de toda la comarca; lo hace, no obstante, sin menoscabar el gusto personal y las preferencias de cada cual cuando se pone ante los fogones.
Estamos nombrando alimentos que proceden de la ganadería extensiva y de la agricultura autóctona, esenciales ambas en el devenir diario de los pueblos de montaña. Estos son, además, de enorme atractivo; baste referirse a Ansó y a Hecho como ejemplos sobresalientes.
Estas dos localidades juegan un papel destacado entre las zonas de la provincia de Huesca que rinden culto a la indumentaria tradicional aragonesa. Las vestimentas ahí usadas fueron pintadas en su día por el artista Joaquín Sorolla, en contraste con sus obras más conocidas, protagonizadas por la cegadora luz mediterránea.
Y es que la tradición no deja de estar presente en la comarca de La Jacetania, si bien este territorio mira al futuro intentando aprovechar sus recursos. Son clave para ello infraestructuras como la autovía Pamplona-Huesca-Lérida, que ha acumulado en esta zona del Alto Aragón, todo hay que decirlo, su mayor retraso constructivo.
Continuará.
Este texto es obra de Alberto Cebrián.
HUESCA, HIJA DE PYRENE. PRÓLOGO:
https://diariodelcampo.com/huesca-hija-de-pyrene-un-territorio-siempre-vivo-prologo/
Otras noticias
La Diputación Provincial de Huesca entrega en la Federación España de Municipios y Provincias la Declaración de Boltaña
El presidente de la Diputación Provincial de Huesca, Isaac Claver, y el alcalde de Boltaña, José María Giménez, han entregado esta semana a la presidenta de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), María José García-Pelayo, la Declaración de Boltaña. Es un documento que recoge las conclusiones del V Congreso Nacional de Desarrollo Rural y Despoblación, celebrado en marzo de 2026 en Boltaña. Sintetiza las principales demandas y líneas de actuación consensuadas durante el encuentro.
Isaac Claver realiza la siguiente reflexión al respecto: “El Congreso Nacional de Desarrollo Rural que celebramos en Boltaña fue un ejemplo para España entera, poniendo de manifiesto el trabajo que se lleva a cabo cada día por nuestra gente y las oportunidades que puede ofrecer el medio rural. Porque creemos en nuestros pueblos y creemos en nuestra gente y su futuro, es necesario adaptar la normativa a la realidad de nuestro medio rural y esta Declaración marca una hoja de ruta a seguir, subrayando la necesidad de que las reivindicaciones y propuestas surgidas desde el territorio sean escuchadas por las instituciones para impulsar cambios”.
La Declaración recoge el siguiente decálogo de medidas para afrontar el reto demográfico: “Políticas para el medio rural desde el medio rural, escuchando a las entidades locales; marco normativo específico y estable, adaptado al medio rural mediante un Estatuto Básico de los Municipios de Menor Población; financiación local suficiente, justa y garantizada, con compromiso en los presupuestos generales del Estado y de las comunidades autónomas; fiscalidad propia y adaptada para favorecer la actividad económica, la inversión y generación de oportunidades; simplificar y adaptar la burocracia administrativa para una gestión más sencilla y eficaz; reconocer y reforzar el papel de las diputaciones provinciales, cabildos y consells insulares como instituciones vertebradoras y de cohesión territorial; incorporar el principio de ruralidad de forma transversal en las políticas públicas; políticas europeas que fomenten el relevo generacional, una PAC fuerte y clara, y precios justos para agricultores y ganaderos profesionales; políticas de vivienda en el medio rural para facilitar el acceso, rehabilitación y puesta en uso del parque existente a través de la colaboración entre administraciones; y reforzar un relato positivo del medio rural como activo estratégico, garantizando la igualdad, el equilibrio y la cohesión de España”.
















