Es la idea que se ha transmitido este martes, 3 de febrero, en la presentación de la Feria Internacional de Maquinaria Agrícola (FIMA), certamen que se celebrará en Feria de Zaragoza del 10 al 14 de febrero de 2026. Con FIMA Tech se quiere mirar al futuro y con FIMA Conecta Talento se quiere hacer lo propio respecto a la población joven.
El presidente de Feria de Zaragoza, Jorge Villarroya, ha destacado que “FIMA es el reflejo del esfuerzo, capacidad de adaptación y visión de futuro de la agricultura, un sector esencial para la economía, el territorio y la sociedad”.
El director general de la citada institución, Rogelio Cuairán, ha señalado que “uno de los pilares de esta edición de FIMA será el programa de jornadas técnicas, que se desarrollará a lo largo de los cinco días del certamen y que abordará cuestiones clave como la innovación, sostenibilidad, digitalización, desarrollo rural, normativa, mecanización y futuro de la Política Agraria Común (PAC)”.
Una de las citas más destacadas de FIMA es la referida al Foro Nacional de Desarrollo Rural, que alcanza su décima edición y que abordará del 10 al 12 de febrero “El desarrollo rural en el nuevo contexto internacional”. Está organizado por los ingenieros agrónomos de Aragón, Navarra y País Vasco.
El director del área agroalimentaria de Feria de Zaragoza y de FIMA, Fernando Cidraque, ha remarcado que “esta edición de 2026 quiere apostar por el futuro y por los jóvenes, a través de las iniciativas denominadas FIMA Tech y FIMA Conecta Talento”.
FIMA Tech es un nuevo espacio concebido para “impulsar la tecnología y la digitalización del sector agrícola”. Subyace la pretensión de “transformar el futuro del campo a través de soluciones basadas en robótica, inteligencia artificial, big data, IoT y agricultura de precisión”.
FIMA Conecta Talento nace como “un espacio de encuentro y reflexión entre empresas, profesionales y aquellos jóvenes que están interesados en desarrollar su trayectoria profesional en el ámbito agrícola”.
La Feria Internacional de Maquinaria Agrícola de Zaragoza va a ocupar este año una superficie expositiva de casi noventa mil metros cuadrados, con la participación de más de mil doscientas cincuenta marcas procedentes de treinta y cinco países (ciento diecisiete son aragonesas).
Se ha preparado un programa de misiones comerciales, con el fin de fomentar los contactos entre las empresas expositoras y las delegaciones internacionales.
Y todo para generar un ecosistema idóneo para conseguir el acceso de los profesionales del sector agrícola a las últimas tendencias e innovaciones tecnológicas y de conocimiento.
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Santa María la Mayor (el Pilar), apuesta de Zaragoza tras su conquista por Alfonso el Batallador
ALBERTO CEBRIÁN
La basílica del Pilar es uno de los iconos de Zaragoza. Está claro que no es un templo medieval, sino posterior. ¿Por qué se puede decir que fue clave para su existencia e, incluso, para la propia devoción a la Virgen el periodo en el que esta ciudad estuvo en manos del rey aragonés Alfonso el Batallador, que la conquistó en 1118?
La respuesta aparece en la novela histórica El Batallador y Granada, obra de quien suscribe, si bien se puede apuntar de forma breve que, hasta ese momento —comienzos del siglo XII—, la gran advocación en Zaragoza había sido la de Santa Engracia, aunque la madre de Jesucristo ya tenía su propio templo.
Éste era la iglesia de Santa María la Mayor, contigua a la domus romana en la que se encontraba la columna de jaspe —el pilar— vinculada, según la tradición cristiana, a la visita de la Virgen. Recuerden que en el año 2040 se cumplirá el segundo milenio de esa efemérides; ya hay carteles alusivos a ello en la basílica del Pilar.
Los citados inmuebles —iglesia y domus— estaban situados junto al río Ebro. El templo era de origen visigótico, el cual podía ser usado y visitado en tiempos de la Zaragoza islámica, llamada por entonces Saraqusta. Ha quedado dicho: podía ser usado y visitado en tiempos islámicos pero no restaurado, por lo que su estado de deterioro fue progresivo.
Cuando Alfonso el Batallador entró en la ciudad, y siendo obispo Pedro de Librana, se adoptaron varias decisiones: una de ellas fue consagrar la mezquita aljama como catedral, en honor a El Salvador en su Epifanía (las obras de remodelación tardarían varias décadas en llegar); recuperar y dignificar la iglesia de Santa María la Mayor; y levantar un templo que estuviese dedicado a María Magdalena.
Con el paso del tiempo, la devoción a la Virgen del Pilar fue en aumento. Felipe IV, en el siglo XVII, la instrumentalizó desde el punto de vista político, como elemento cohesionador de sus territorios, como escenificación de contar en sus dominios con el favor divino y como herramienta de lucha espiritual contra la Reforma protestante.
Tras la conquista de Zaragoza por Alfonso el Batallador, se habilitó un templo románico que tomó el relevo del visigótico; sin embargo, un incendio acaecido en el siglo XV obligó a afrontar la construcción de una nueva iglesia, que sería de estilo gótico-mudéjar y que no resultaría ser la definitiva.
La creciente devoción, ya citada antes, llevó en el siglo XVII a plantear levantar un inmueble mucho mayor. Debía rivalizar con la catedral de El Salvador pero no debía hacerlo en estilo gótico, sino siguiendo los nuevos cánones artísticos, ya que se había entrado en el periodo del Barroco.
El primer arquitecto que acometió esta empresa fue Francisco de Herrera el Mozo, completando la obra Ventura Rodríguez, que introdujo matices neoclásicos. Era el siglo XVIII. Los trabajos de construcción continuarían durante las centurias siguientes: XIX y XX, hasta quedar completamente rematada y tener la estampa actual.











