Se van sucediendo los brotes del virus de la fiebre del Nilo en distintos puntos de Andalucía (provincias de Huelva, Cádiz y Sevilla). Es en caballos de la zona, animales que actúan como centinelas del virus. Ya ha fallecido más de una persona como consecuencia de esta enfermedad que es transmitida a través de la picadura de los mosquitos.
El virus de la fiebre del Nilo provoca en los casos más graves encefalitis, y se sustancia en niños en meningitis.
Los cuervos (en las aves) y los caballos (en los mamíferos) son los animales más sensibles a este virus; por ello, son utilizados como centinelas. La aparición de cuervos muertos puede ser un síntoma de la presencia del virus. Los planes de vigilancia del virus de la fiebre del Nilo incluyen la toma de muestras en caballos para su análisis.
Hay voces expertas que indican que esta enfermedad puede extenderse al conjunto de España, y que si se ha centrado de momento en la zona del Guadalquivir (aguas abajo de Sevilla) es porque quizás las aves ya están infectadas y actúan como reservorio del virus.
El Colegio de Veterinarios de Huesca divulga una ficha informativa relativa a este problema de sanidad animal y salud pública; ha sido elaborada por la Organización Colegial Veterinaria (OCV):
• “El virus del Nilo es un flavivirus que provoca la enfermedad en el hombre, en los equinos y en unos pájaros. Tiene una gama sumamente amplia de hospedadores. Se replica en las aves, reptiles, anfibios, mamíferos, mosquitos y garrapatas”.
• “Las aves son el reservorio principal (siendo los cuervos la especie más sensible), y los mosquitos actúan como vectores propagando el virus de una ave a otra, o a otros animales”.
• “La muerte de los cuervos puede alertar de la presencia de la fiebre del Nilo, por lo que los programas de vigilancia suelen abarcar la detección de cuervos muertos”.
• “La mayor parte de mamíferos no desarrolla suficiente cantidad de virus en la sangre para propagar la enfermedad. El ser humano es sensible a la enfermedad, pero la mayoría de las veces sin síntomas. Alrededor del 20 por ciento presenta síntomas similares a los de una gripe leve. En raros casos, puede causar encefalitis. Menos del 1 por ciento de las personas infectadas desarrollará síntomas graves”.
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Santa María la Mayor (el Pilar), apuesta de Zaragoza tras su conquista por Alfonso el Batallador
ALBERTO CEBRIÁN
La basílica del Pilar es uno de los iconos de Zaragoza. Está claro que no es un templo medieval, sino posterior. ¿Por qué se puede decir que fue clave para su existencia e, incluso, para la propia devoción a la Virgen el periodo en el que esta ciudad estuvo en manos del rey aragonés Alfonso el Batallador, que la conquistó en 1118?
La respuesta aparece en la novela histórica El Batallador y Granada, obra de quien suscribe, si bien se puede apuntar de forma breve que, hasta ese momento —comienzos del siglo XII—, la gran advocación en Zaragoza había sido la de Santa Engracia, aunque la madre de Jesucristo ya tenía su propio templo.
Éste era la iglesia de Santa María la Mayor, contigua a la domus romana en la que se encontraba la columna de jaspe —el pilar— vinculada, según la tradición cristiana, a la visita de la Virgen. Recuerden que en el año 2040 se cumplirá el segundo milenio de esa efemérides; ya hay carteles alusivos a ello en la basílica del Pilar.
Los citados inmuebles —iglesia y domus— estaban situados junto al río Ebro. El templo era de origen visigótico, el cual podía ser usado y visitado en tiempos de la Zaragoza islámica, llamada por entonces Saraqusta. Ha quedado dicho: podía ser usado y visitado en tiempos islámicos pero no restaurado, por lo que su estado de deterioro fue progresivo.
Cuando Alfonso el Batallador entró en la ciudad, y siendo obispo Pedro de Librana, se adoptaron varias decisiones: una de ellas fue consagrar la mezquita aljama como catedral, en honor a El Salvador en su Epifanía (las obras de remodelación tardarían varias décadas en llegar); recuperar y dignificar la iglesia de Santa María la Mayor; y levantar un templo que estuviese dedicado a María Magdalena.
Con el paso del tiempo, la devoción a la Virgen del Pilar fue en aumento. Felipe IV, en el siglo XVII, la instrumentalizó desde el punto de vista político, como elemento cohesionador de sus territorios, como escenificación de contar en sus dominios con el favor divino y como herramienta de lucha espiritual contra la Reforma protestante.
Tras la conquista de Zaragoza por Alfonso el Batallador, se habilitó un templo románico que tomó el relevo del visigótico; sin embargo, un incendio acaecido en el siglo XV obligó a afrontar la construcción de una nueva iglesia, que sería de estilo gótico-mudéjar y que no resultaría ser la definitiva.
La creciente devoción, ya citada antes, llevó en el siglo XVII a plantear levantar un inmueble mucho mayor. Debía rivalizar con la catedral de El Salvador pero no debía hacerlo en estilo gótico, sino siguiendo los nuevos cánones artísticos, ya que se había entrado en el periodo del Barroco.
El primer arquitecto que acometió esta empresa fue Francisco de Herrera el Mozo, completando la obra Ventura Rodríguez, que introdujo matices neoclásicos. Era el siglo XVIII. Los trabajos de construcción continuarían durante las centurias siguientes: XIX y XX, hasta quedar completamente rematada y tener la estampa actual.










