Diario del Campo

Fundado en 2012 por Alberto Cebrián

domingo, 5 de febrero de 2023

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Equilibrar las cantidades de hierro y fósforo provoca una fertilización más eficiente

Es lo que ha estudiado el grupo de fisiología vegetal de la Universidad de Córdoba. Incide en la importancia de una interacción entre el hierro y el fósforo, del equilibrio entre nutrientes (que hace que las plantas crezcan adecuadamente), y de evitar la sobrefertilización (que provoca impactos ambientales y que los costes del agricultor no se optimicen).

Los investigadores argumentan que, a la hora de fertilizar, es importante conocer las interacciones entre distintos nutrientes.

En el caso del fósforo y el hierro, básicos para la vida de la planta, la sobrefertilización o deficiencia de uno de ellos puede tener efectos negativos sobre el otro.

Por ejemplo, cuando hay deficiencia de fósforo, el vegetal acumula tanta cantidad de hierro que llega a ser tóxico, y de repente la planta tiene dos problemas: La falta de fósforo y como consecuencia la saturación de hierro.

Conocer estas interacciones a fondo ha sido el objetivo del grupo de fisiología vegetal de la Universidad de Córdoba, liderado por el catedrático Javier Romera.

En este trabajo han abordado los últimos avances en el conocimiento sobre las estrategias de las plantas para hacer frente a las deficiencias de hierro o fósforo, analizando las similitudes y diferencias entre ellas, y teniendo en cuenta las interacciones entre señales que regulan esas respuestas, como el etileno y el óxido nítrico.

La investigadora María José García señala la importancia de algunos factores de transcripción (elementos encargados de regular la expresión de los genes) que están implicados tanto en las respuestas a la falta de hierro como a la de fósforo.

El equipo ha profundizado en uno de esos factores de transcripción: EIN3 (relacionado con el etileno), clave para regular las respuestas a ambas deficiencias.

Aunque la regulación de los genes relacionados con estas respuestas no se conoce totalmente, el etileno y el óxido nítrico se han involucrado en la activación de genes relacionados tanto con respuestas a la deficiencia de hierro como a la de fósforo.

Son dos elementos clave en la activación de las respuestas de las plantas a la falta de nutrientes y en este trabajo se profundiza en su papel en relación a la deficiencia de hierro y de fósforo.

El etileno es una molécula simple con una vida compleja” resalta Javier Romera, quien junto a su grupo descubrió en 1994 el papel que tenía el etileno en la activación de las respuestas de las plantas para conseguir hierro.

Posteriormente, en 2007, el grupo argentino del doctor Lamattina llegó a las mismas conclusiones que el grupo de la Universidad de Córdoba, pero con el óxido nítrico.

El catedrático señala que, “si estas dos sustancias hacen lo mismo, nos planteamos cómo sería la interacción entre ellas”.

Tras analizar esta relación, han visto cómo el etileno y el óxido nítrico se refuerzan, es decir, se inducen mutuamente para activar las respuestas. Esta actuación conjunta hace que sean necesarios ambos, por lo que con sólo bloquear uno de ellos se anulan las respuestas.

Este equipo de investigación concluye que “comprender mejor los mecanismos implicados en la nutrición de las plantas puede contribuir a obtener variedades más eficientes y a un manejo más racional de la fertilización”.

Y que “alimentando mejor a las plantas y manteniendo el equilibrio en sus nutrientes se minimizan impactos ambientales derivados de la sobrefertilización y se ahorran costes para el agricultor”.

13 de julio de 2021

Otras noticias

La superficie de cultivo en España se mantiene estable por encima de los 16,8 millones de hectáreas

La superficie de cultivo en España se mantuvo estable en 2022, con un total de 16.830.738 hectáreas, apenas un 0,42 por ciento menos que en el año anterior, según los datos provisionales de la Encuesta sobre Superficies y Rendimientos de Cultivo de España (Esyrce), publicada por el Ministerio de Agricultura. Se observa un incremento de las superficies de girasol, colza y, en menor medida, cultivos leñosos, excepto viñedo y olivar.

La superficie dedicada a tierras de cultivo presenta un ligero descenso. En 2022 se situó en 16.830.738 hectáreas. Del total de esta superficie, 11.309.264 hectáreas corresponden a tierra arable (cultivos herbáceos y barbechos), 5.375.463 a cultivos leñosos y 146.011 a otras tierras de cultivo.

En el grupo de los cereales en general, se produce un descenso en su conjunto del 3,64 por ciento. Salvo el trigo, desciende la superficie de todos los cereales de invierno. Arroz y maíz presentan la menor superficie de los últimos dieciocho años, como consecuencia, probablemente, de la situación provocada por la sequía sufrida en la campaña. El sorgo, a pesar del fuerte incremento porcentual, no llega a las tres mil hectáreas de aumento en valor absoluto.

Las leguminosas grano son, junto con los cultivos industriales y los tubérculos, el grupo de cultivos herbáceos que aumenta su superficie respecto al año anterior.

Los cultivos industriales son el grupo de cultivo que más aumenta porcentualmente la superficie en 2022. Girasol y colza aumentan en más de doscientas mil hectáreas en su conjunto. Sin embargo, los cultivos de regadío muestran un fuerte descenso como consecuencia de la sequía sufrida.

En el grupo de las plantas forrajeras, la superficie total desciende un 0,87 por ciento, destacando la alfalfa, el maíz forrajero y otras con destino forrajero, entre las que se encuentran remolacha y nabo, coles y berzas, y otras plantas de escarda. Tan sólo la veza forrajera y otros cereales para forraje aumentan la superficie respecto al año anterior.

En el grupo de los cultivos leñosos es de destacar el progresivo aumento de prácticamente todas las especies del grupo, exceptuando viñedo, olivar y otros leñosos. Viñedo y olivar descienden muy levemente, arrastrados por el descenso de la uva para vinificación y aceituna para aceite.

Dentro de otros cultivos leñosos, el algarrobo muestra un mayor descenso porcentual. En su conjunto, los cultivos leñosos aumentan un 0,27 por ciento su superficie respecto al 2021 y destaca el incremento de los frutales no cítricos. Dentro de estos, el almendro y el pistacho son los que más crecen, seguidos, en menor medida, por melocotonero-nectarina y aguacate. Respecto a los frutales no cítricos, desciende el manzano, caqui, kiwi y mango, entre los subtropicales; y avellano en frutos secos. Dentro de los frutales cítricos aumentan naranjo y limonero.

3 de febrero de 2023 |
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