Diario del Campo

Fundado en 2012 por Alberto Cebrián

domingo, 11 de octubre de 2026

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Empresas españolas de los sectores porcino y avícola estrechan lazos con importadores mexicanos

El certamen Meat Attraction, en Madrid, acogió el “Encuentro sectorial y empresarial cárnico México-España”. Es un evento que estuvo organizado por la Interprofesional del Porcino de Capa Blanca (INTERPORC), junto al Consejo Mexicano de la Carne (CoMeCarne) y Avianza (Asociación Interprofesional Española de Carne Avícola). El encuentro se cerró con una ronda de negocios entre empresas mexicanas y españolas interesadas en establecer lazos comerciales.

El presidente de INTERPORC, Manuel García, destacó que “ambos países hablan el idioma de la calidad en la producción de proteína porcina, por lo que las posibilidades de colaboración son muy grandes”; y expuso a los representantes de México que “el ADN del sector porcino de capa blanca español se asienta en siete pilares: bienestar animal, desarrollo rural, innovación, internacionalización, profesionalidad, seguridad alimentaria y sostenibilidad”.

En la actualidad, 346 empresas españolas están autorizadas por las administraciones mexicanas para exportar a México productos cárnicos de porcino. “España exporta el 64 por ciento de su producción porcina y México es una gran potencia importadora, lo que es sinónimo de grandes oportunidades de negocio y colaboración”, según explicó Daniel de Miguel, director de Internacional de INTERPORC.

Ernesto Hermosillo, presidente de CoMeCarne, recordó que el consumo de carne en México crece anualmente un 3 por ciento. Y añadió que “las importaciones de productos porcinos han crecido una media del 6,4 por ciento de manera sostenida en los últimos seis años; por tanto, entre 2016 y 2021 las importaciones de porcino de México han aumentado un 36,5 por ciento”.

Antonio Sánchez, presidente de Avianza, puso de relieve que “tanto en México como en España muchas empresas tienen la doble actividad aviar y porcina, por lo que nuestra realidad es muy similar y sin duda podemos entendernos, ya que todos buscamos que nuestros productos lleguen a los mercados con la máxima calidad”.

11 de marzo de 2022

Otras noticias

Santa María la Mayor (el Pilar), apuesta de Zaragoza tras su conquista por Alfonso el Batallador

ALBERTO CEBRIÁN

La basílica del Pilar es uno de los iconos de Zaragoza. Está claro que no es un templo medieval, sino posterior. ¿Por qué se puede decir que fue clave para su existencia e, incluso, para la propia devoción a la Virgen el periodo en el que esta ciudad estuvo en manos del rey aragonés Alfonso el Batallador, que la conquistó en 1118?

La respuesta aparece en la novela histórica El Batallador y Granada, obra de quien suscribe, si bien se puede apuntar de forma breve que, hasta ese momento —comienzos del siglo XII—, la gran advocación en Zaragoza había sido la de Santa Engracia, aunque la madre de Jesucristo ya tenía su propio templo.

Éste era la iglesia de Santa María la Mayor, contigua a la domus romana en la que se encontraba la columna de jaspe —el pilar— vinculada, según la tradición cristiana, a la visita de la Virgen. Recuerden que en el año 2040 se cumplirá el segundo milenio de esa efemérides; ya hay carteles alusivos a ello en la basílica del Pilar.

Los citados inmuebles —iglesia y domus— estaban situados junto al río Ebro. El templo era de origen visigótico, el cual podía ser usado y visitado en tiempos de la Zaragoza islámica, llamada por entonces Saraqusta. Ha quedado dicho: podía ser usado y visitado en tiempos islámicos pero no restaurado, por lo que su estado de deterioro fue progresivo.

Cuando Alfonso el Batallador entró en la ciudad, y siendo obispo Pedro de Librana, se adoptaron varias decisiones: una de ellas fue consagrar la mezquita aljama como catedral, en honor a El Salvador en su Epifanía (las obras de remodelación tardarían varias décadas en llegar); recuperar y dignificar la iglesia de Santa María la Mayor; y levantar un templo que estuviese dedicado a María Magdalena.

Con el paso del tiempo, la devoción a la Virgen del Pilar fue en aumento. Felipe IV, en el siglo XVII, la instrumentalizó desde el punto de vista político, como elemento cohesionador de sus territorios, como escenificación de contar en sus dominios con el favor divino y como herramienta de lucha espiritual contra la Reforma protestante.

Tras la conquista de Zaragoza por Alfonso el Batallador, se habilitó un templo románico que tomó el relevo del visigótico; sin embargo, un incendio acaecido en el siglo XV obligó a afrontar la construcción de una nueva iglesia, que sería de estilo gótico-mudéjar y que no resultaría ser la definitiva.

La creciente devoción, ya citada antes, llevó en el siglo XVII a plantear levantar un inmueble mucho mayor. Debía rivalizar con la catedral de El Salvador pero no debía hacerlo en estilo gótico, sino siguiendo los nuevos cánones artísticos, ya que se había entrado en el periodo del Barroco.

El primer arquitecto que acometió esta empresa fue Francisco de Herrera el Mozo, completando la obra Ventura Rodríguez, que introdujo matices neoclásicos. Era el siglo XVIII. Los trabajos de construcción continuarían durante las centurias siguientes: XIX y XX, hasta quedar completamente rematada y tener la estampa actual.

9 de octubre de 2026 |
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