Diario del Campo

Fundado en 2012 por Alberto Cebrián

domingo, 11 de octubre de 2026

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El programa EREA impulsa el emprendimiento y la economía social en el medio rural aragonés

Se ha puesto en marcha la segunda fase de EREA, que se presenta como un programa de impulso a los ecosistemas de emprendimiento y de economía social en el medio rural aragonés. Está promovido por el Gobierno de Aragón, a través de la Fundación Aragón Emprende, y cuenta con el apoyo del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. El programa EREA pretende “validar y desarrollar los proyectos de negocio presentados durante la primera fase, así como impulsar la actividad económica de empresas que pretenden mejorar diversos aspectos o quieren crear una nueva línea de negocio”. Se han organizado diez masterclass sobre gestión de negocio y economía social, y dieciséis jornadas inspiradoras en el medio rural de Aragón. Un ejemplo es la organizada por el grupo de acción local ADESHO, en la Hoya de Huesca, que tendrá lugar el 18 de octubre, martes, de 10:00 a 13:30 horas en el Parque Tecnológico Walqa. Girará en torno al emprendimiento rural: el papel de los coworking en el desarrollo rural, el emprendimiento turístico, la sostenibilidad en la lucha contra la despoblación rural, el emprendimiento agroalimentario y la innovación rural, así como perspectivas de futuro y potencialidades de desarrollo de la comarca de la Hoya de Huesca, valorando la oportunidad que ofrece el nuevo Programa de Desarrollo LEADER 2024-2028.

11 de octubre de 2022

Otras noticias

Santa María la Mayor (el Pilar), apuesta de Zaragoza tras su conquista por Alfonso el Batallador

ALBERTO CEBRIÁN

La basílica del Pilar es uno de los iconos de Zaragoza. Está claro que no es un templo medieval, sino posterior. ¿Por qué se puede decir que fue clave para su existencia e, incluso, para la propia devoción a la Virgen el periodo en el que esta ciudad estuvo en manos del rey aragonés Alfonso el Batallador, que la conquistó en 1118?

La respuesta aparece en la novela histórica El Batallador y Granada, obra de quien suscribe, si bien se puede apuntar de forma breve que, hasta ese momento —comienzos del siglo XII—, la gran advocación en Zaragoza había sido la de Santa Engracia, aunque la madre de Jesucristo ya tenía su propio templo.

Éste era la iglesia de Santa María la Mayor, contigua a la domus romana en la que se encontraba la columna de jaspe —el pilar— vinculada, según la tradición cristiana, a la visita de la Virgen. Recuerden que en el año 2040 se cumplirá el segundo milenio de esa efemérides; ya hay carteles alusivos a ello en la basílica del Pilar.

Los citados inmuebles —iglesia y domus— estaban situados junto al río Ebro. El templo era de origen visigótico, el cual podía ser usado y visitado en tiempos de la Zaragoza islámica, llamada por entonces Saraqusta. Ha quedado dicho: podía ser usado y visitado en tiempos islámicos pero no restaurado, por lo que su estado de deterioro fue progresivo.

Cuando Alfonso el Batallador entró en la ciudad, y siendo obispo Pedro de Librana, se adoptaron varias decisiones: una de ellas fue consagrar la mezquita aljama como catedral, en honor a El Salvador en su Epifanía (las obras de remodelación tardarían varias décadas en llegar); recuperar y dignificar la iglesia de Santa María la Mayor; y levantar un templo que estuviese dedicado a María Magdalena.

Con el paso del tiempo, la devoción a la Virgen del Pilar fue en aumento. Felipe IV, en el siglo XVII, la instrumentalizó desde el punto de vista político, como elemento cohesionador de sus territorios, como escenificación de contar en sus dominios con el favor divino y como herramienta de lucha espiritual contra la Reforma protestante.

Tras la conquista de Zaragoza por Alfonso el Batallador, se habilitó un templo románico que tomó el relevo del visigótico; sin embargo, un incendio acaecido en el siglo XV obligó a afrontar la construcción de una nueva iglesia, que sería de estilo gótico-mudéjar y que no resultaría ser la definitiva.

La creciente devoción, ya citada antes, llevó en el siglo XVII a plantear levantar un inmueble mucho mayor. Debía rivalizar con la catedral de El Salvador pero no debía hacerlo en estilo gótico, sino siguiendo los nuevos cánones artísticos, ya que se había entrado en el periodo del Barroco.

El primer arquitecto que acometió esta empresa fue Francisco de Herrera el Mozo, completando la obra Ventura Rodríguez, que introdujo matices neoclásicos. Era el siglo XVIII. Los trabajos de construcción continuarían durante las centurias siguientes: XIX y XX, hasta quedar completamente rematada y tener la estampa actual.

9 de octubre de 2026 |
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