Es lo que se ha estudiado en el proyecto europeo VISCA, en el que participa el IRTA de Cataluña. Ha desarrollado una aplicación para ayudar a los productores de viña a gestionar de mejor manera las incertidumbres climáticas, y así minimizar los costes y los riesgos. Todo ello a través de un mejor manejo de la producción.
Y es que, como se explica desde el IRTA, la viña es uno de los cultivos más afectados por el cambio climático, dado que el aumento de las temperaturas y el incremento de lluvias fuertes y sequías extremas repercuten en los niveles de producción y en la calidad de la uva (y por tanto del vino).
Joan Girona, investigador del IRTA, dice que “el aumento de las temperaturas provoca que la uva madure muy rápido desde un punto de vista fisiológico, y eso incrementa la cantidad de azúcares que contiene; pero fenológicamente el fruto está todavía muy verde y le faltan gustos y aromas, que son precisamente los parámetros que definen un buen vino”.
Añade que en el proyecto VISCA se ha desarrollado una aplicación que permite al agricultor tomar mejores decisiones; se trata de un programa que funciona en ordenadores y dispositivos móviles en el que el agricultor introduce información de manera regular y puede prever, con las condiciones meteorológicas a medio plazo, cuáles serán las necesidades reales de la viña.
De esa forma puede anticiparse y tomar mejores decisiones, como por ejemplo gestionar de forma más eficiente el riego, el clareo de uvas, podas selectivas en verano u organizar todo el sistema de cosecha para que esté a punto para un día en concreto.
Uno de los puntos clave de la aplicación es que “incorpora una técnica ajustada y afinada por el IRTA para controlar y mitigar la afección de plagas y enfermedades en viña debido a las condiciones meteorológicas más extremas, cada vez más comunes en los últimos años”.
Se trata del crop forcing, que fuerza el rebrote de la viña en una época más tardía de lo habitual. El IRTA indica que eso, además de prevenir enfermedades en el cultivo, consigue una mejor calidad del fruto.
Este método consiste en podar la viña en junio, para hacer que la planta rebrote de nuevo en una época más tardía de lo habitual.
De esta manera se consigue que el cultivo no sufra las consecuencias de las inclemencias meteorológicas de la primavera, estación en la que una combinación de lluvias y calor favorece la aparición de plagas y enfermedades como el mildiu, un hongo que este año ha provocado pérdidas de hasta el 80 por ciento en el sector vitivinícola catalán.
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