Diario del Campo

Fundado en 2012 por Alberto Cebrián

sábado, 25 de junio de 2022

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sábado, 25 de junio de 2022

Israel Remuiñan Seoane, periodista de 26 años, relata en las redes sociales su particular calvario en su experiencia con el COVID-19: Un abrazo, un beso, una conversación cercana, ir al cine, salir de cañas, trabajar… es cierto que éramos felices y no lo sabíamos.

Francesca Morelli, psicóloga italiana, escribe una larga reflexión que también se ha hecho viral: En una fase social en la que pensar en uno mismo se ha vuelto norma, este virus nos manda un mensaje claro; la única manera de salir de ésta es hacer piña, hacer resurgir en nosotros el sentimiento de ayuda al prójimo, de pertenencia a un colectivo, de ser parte de algo mayor sobre lo que ser responsables y que ello a su vez se responsabilice para con nosotros.

El coronavirus pasará, pero después de arrasar nuestra sociedad. Nadie lo hubiera imaginado hace apenas dos meses. En primer lugar y lo más importante, la vida de miles de personas a las que ni siquiera podrán despedir sus seres queridos. Conforme el número de fallecidos aumenta también lo hace la impotencia y la indignación.

Las frías estadísticas oficiales esconden una realidad que cada día va quedando más al descubierto: Nuestra sociedad ha construido un patético orden de valores, en el que la autocomplacencia, el individualismo y algunas de las falsas conquistas sociales se han convertido en lo más importante.

Ha bastado un virus virulento y desconocido para dejar al descubierto nuestra fragilidad y tambaleantes nuestros pseudovalores. Lo que antes parecía auténtico hemos descubierto que no lo es y, sin embargo, aquello que habíamos dejado relegado en aras de la productividad es lo que ahora nos sacará adelante.

Tenemos que echar mano de aquello que nos une y nos hace mejores porque, no lo olvidemos nunca, el orden de los valores sí altera el producto.

Esperemos superar pronto la pandemia. Habrá un antes y un después, de eso no cabe duda. El desastre económico va a ser monumental y tenemos que estar preparados para ello.

Si aprendemos algo de la tremenda crisis sanitaria que estamos viviendo podremos afrontar la posterior crisis económica. También entonces hará falta el apoyo, la solidaridad, la comprensión y la compasión de toda la sociedad.

El coronavirus nos ha llenado de miedo, impotencia y desolación, pero también va a traer un rayo de luz a nuestras mentes ofuscadas. Quizás descubramos que nuestra propia intoxicación es la principal fuente de contaminación del planeta.

Hemos construido con entelequias una gigantesca telaraña en el aire que se rompe con el primer obstáculo que se presenta. Nuestros discursos estaban vacíos y nuestra sociedad enferma.

Una de las grandes inquietudes era el cambio climático. Paradojas de la vida, el confinamiento de las personas produce una sustancial caída de la contaminación.

Descubrimos con la nueva información del satélite que no son las vacas las que contaminan sino que es nuestra agenda diaria enloquecida, llena de necesidades y actividades que nos llevan de aquí para allá sin tiempo para disfrutar ni siquiera de nuestro hogar, nuestra familia, nuestros paisajes,… ¿qué hemos hecho de nuestra vida?

Estos días, confinados en nuestras casas, volvemos a retornar nuestra mirada a nuestros pueblos, a la agricultura, a la tierra y el agua. ¿Hasta cuándo?

Hace unas semanas desde ASAJA denunciábamos los graves problemas a los que tenemos que enfrentarnos en el sector agrario y el medio rural, manifestándonos en toda España con el lema ¿Quién te dará de comer?, y ¿qué hubiera sucedido si en estos momentos terribles esa pregunta se hubiera quedado sin respuesta? Un caos inimaginable.

Sin embargo, gracias al esfuerzo sin descanso de agricultores y ganaderos los mercados no han tenido desabastecimiento de productos de primera necesidad.

El contacto con los demás, la cercanía de nuestra familia, la naturaleza, el aire libre,… lo que hasta hoy dábamos por descontado se ha convertido en imprescindible e insustituible.

Agradecemos con aplausos lo que hasta hace unos meses dábamos por descontado.

Aplausos inicialmente a los sanitarios, pero que se están haciendo extensivos a voluntarios, militares, camioneros, agricultores, empresas,… conforme la ola de solidaridad sigue creciendo.

Hemos descubierto que el verdadero cimiento de nuestra sociedad no es la productividad o el éxito sino el apoyo desinteresado, el consuelo, la creatividad, la vida con el otro y hasta el sano sentido del humor.

¿Quiénes éramos? Con tanto tiempo libre, ahora que no tenemos libertad de movimientos, nuestros pensamientos resuenan una y otra vez, tratando de contestar preguntas trascendentes que desde hace tiempo no nos hacíamos. Ojalá nuestras respuestas alimenten nuestra vida interior e indiquen que por fin hemos aprendido a construir una sociedad mejor”.

Ángel Samper Secorún, secretario general de ASAJA Aragón.

29 de marzo de 2020

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24 de junio de 2022 |
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