Diario del Campo

Fundado en 2012 por Alberto Cebrián

domingo, 11 de octubre de 2026

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Cubiertos los cupos en el viñedo español para destilación, almacenamiento y cosecha en verde

El Ministerio de Agricultura ha informado a las comunidades autónomas de que todos los cupos de las medidas de destilación de crisis, almacenamiento privado y cosecha en verde han quedado cubiertos, como resultado de sus solicitudes para acogerse a las subvenciones para ayudar al sector vitivinícola en la crisis de la COVID-19.

El sector del vino va a recibir 91,6 millones de euros para paliar los efectos de la COVID-19, a través de esas tres medidas que ayudarán a reequilibrar el mercado.

45,2 millones de euros tienen como destino el vino comercializado al amparo de denominaciones de origen protegidas, y los otros 46,4 millones de euros van para el resto de vinos.

La DESTILACIÓN DE CRISIS, con 65,4 millones de euros, beneficiará a 17 destilerías y 415 bodegas, que destilarán 2 millones de hectolitros de vino.

El ALMACENAMIENTO PRIVADO, para un conjunto de 2,25 millones de hectolitros, beneficiará a 374 bodegas.

Para la COSECHA EN VERDE son 1.670 los viticultores que han presentado solicitud y que podrán llevarla a término en 4.300 hectáreas.

Los pagos de las ayudas se harán efectivos antes del próximo 15 de octubre.

Estas medidas serán financiadas con cargo al Programa de Apoyo al Sector Vinícola de España (PASVE), dotado anualmente con 210 millones de euros que habitualmente se destinan a acciones de mejora de la competitividad del sector (promoción, reestructuración, inversiones); por tanto, se va a disponer en este ejercicio de 124 millones de euros.

El ministro de Agricultura, Luis Planas, anuncia que volverá a demandar a la Comisión, en el Consejo de Ministros de Agricultura de la Unión Europea (UE) del 20 de julio, un presupuesto adicional para el 2021, con el objetivo de mantener el apoyo al sector mientras persista la difícil situación económica generada por la pandemia.

17 de julio de 2020

Otras noticias

Santa María la Mayor (el Pilar), apuesta de Zaragoza tras su conquista por Alfonso el Batallador

ALBERTO CEBRIÁN

La basílica del Pilar es uno de los iconos de Zaragoza. Está claro que no es un templo medieval, sino posterior. ¿Por qué se puede decir que fue clave para su existencia e, incluso, para la propia devoción a la Virgen el periodo en el que esta ciudad estuvo en manos del rey aragonés Alfonso el Batallador, que la conquistó en 1118?

La respuesta aparece en la novela histórica El Batallador y Granada, obra de quien suscribe, si bien se puede apuntar de forma breve que, hasta ese momento —comienzos del siglo XII—, la gran advocación en Zaragoza había sido la de Santa Engracia, aunque la madre de Jesucristo ya tenía su propio templo.

Éste era la iglesia de Santa María la Mayor, contigua a la domus romana en la que se encontraba la columna de jaspe —el pilar— vinculada, según la tradición cristiana, a la visita de la Virgen. Recuerden que en el año 2040 se cumplirá el segundo milenio de esa efemérides; ya hay carteles alusivos a ello en la basílica del Pilar.

Los citados inmuebles —iglesia y domus— estaban situados junto al río Ebro. El templo era de origen visigótico, el cual podía ser usado y visitado en tiempos de la Zaragoza islámica, llamada por entonces Saraqusta. Ha quedado dicho: podía ser usado y visitado en tiempos islámicos pero no restaurado, por lo que su estado de deterioro fue progresivo.

Cuando Alfonso el Batallador entró en la ciudad, y siendo obispo Pedro de Librana, se adoptaron varias decisiones: una de ellas fue consagrar la mezquita aljama como catedral, en honor a El Salvador en su Epifanía (las obras de remodelación tardarían varias décadas en llegar); recuperar y dignificar la iglesia de Santa María la Mayor; y levantar un templo que estuviese dedicado a María Magdalena.

Con el paso del tiempo, la devoción a la Virgen del Pilar fue en aumento. Felipe IV, en el siglo XVII, la instrumentalizó desde el punto de vista político, como elemento cohesionador de sus territorios, como escenificación de contar en sus dominios con el favor divino y como herramienta de lucha espiritual contra la Reforma protestante.

Tras la conquista de Zaragoza por Alfonso el Batallador, se habilitó un templo románico que tomó el relevo del visigótico; sin embargo, un incendio acaecido en el siglo XV obligó a afrontar la construcción de una nueva iglesia, que sería de estilo gótico-mudéjar y que no resultaría ser la definitiva.

La creciente devoción, ya citada antes, llevó en el siglo XVII a plantear levantar un inmueble mucho mayor. Debía rivalizar con la catedral de El Salvador pero no debía hacerlo en estilo gótico, sino siguiendo los nuevos cánones artísticos, ya que se había entrado en el periodo del Barroco.

El primer arquitecto que acometió esta empresa fue Francisco de Herrera el Mozo, completando la obra Ventura Rodríguez, que introdujo matices neoclásicos. Era el siglo XVIII. Los trabajos de construcción continuarían durante las centurias siguientes: XIX y XX, hasta quedar completamente rematada y tener la estampa actual.

9 de octubre de 2026 |
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