El Boletín Oficial de Aragón (BOA) va a publicar este viernes, 15 de octubre, una convocatoria de subvenciones por valor total de 150.000 euros para el fomento y la promoción de la venta local de productos agroalimentarios en Aragón (años 2021 y 2022). Son fondos propios del Gobierno aragonés en una convocatoria del Departamento de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente. Pueden solicitar ayuda las personas físicas que se dedican a la producción agraria y que, siendo agricultores profesionales, estén inscritos en la base de datos de venta local.
El objetivo de la convocatoria es “apoyar el acondicionamiento y equipamiento del espacio de la venta directa; fomentar la participación en ferias y mercados locales de Aragón; y facilitar el cumplimiento de las medidas de gestión, información y promoción relacionadas con la comercialización de los productos de venta local”.
El plazo de presentación de solicitudes se abrirá el lunes, 18 de octubre, y finalizará el 15 de noviembre de 2021. Los gastos subvencionables incluyen “la adquisición de bienes y equipos, diseño de envases y etiquetas, gastos de ferias y mercados locales de Aragón, gastos de desplazamientos a ferias, venta on line, promoción y publicidad, y colocación del distintivo de venta local”.
Los 150.000 euros de esta convocatoria se distribuyen en actividades realizadas desde la presentación de la solicitud de ayuda hasta el 15 de noviembre de 2022. La cuantía máxima de la subvención no podrá ser superior al ochenta por ciento del gasto elegible y justificado. El Gobierno de Aragón anuncia que se primará en la convocatoria a los titulares de una explotación agraria prioritaria, los beneficiarios que tengan una explotación agraria principal en una zona con limitaciones naturales, los productores vinculados a una figura de calidad diferenciada, los jóvenes recién incorporados y las mujeres.
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Santa María la Mayor (el Pilar), apuesta de Zaragoza tras su conquista por Alfonso el Batallador
ALBERTO CEBRIÁN
La basílica del Pilar es uno de los iconos de Zaragoza. Está claro que no es un templo medieval, sino posterior. ¿Por qué se puede decir que fue clave para su existencia e, incluso, para la propia devoción a la Virgen el periodo en el que esta ciudad estuvo en manos del rey aragonés Alfonso el Batallador, que la conquistó en 1118?
La respuesta aparece en la novela histórica El Batallador y Granada, obra de quien suscribe, si bien se puede apuntar de forma breve que, hasta ese momento —comienzos del siglo XII—, la gran advocación en Zaragoza había sido la de Santa Engracia, aunque la madre de Jesucristo ya tenía su propio templo.
Éste era la iglesia de Santa María la Mayor, contigua a la domus romana en la que se encontraba la columna de jaspe —el pilar— vinculada, según la tradición cristiana, a la visita de la Virgen. Recuerden que en el año 2040 se cumplirá el segundo milenio de esa efemérides; ya hay carteles alusivos a ello en la basílica del Pilar.
Los citados inmuebles —iglesia y domus— estaban situados junto al río Ebro. El templo era de origen visigótico, el cual podía ser usado y visitado en tiempos de la Zaragoza islámica, llamada por entonces Saraqusta. Ha quedado dicho: podía ser usado y visitado en tiempos islámicos pero no restaurado, por lo que su estado de deterioro fue progresivo.
Cuando Alfonso el Batallador entró en la ciudad, y siendo obispo Pedro de Librana, se adoptaron varias decisiones: una de ellas fue consagrar la mezquita aljama como catedral, en honor a El Salvador en su Epifanía (las obras de remodelación tardarían varias décadas en llegar); recuperar y dignificar la iglesia de Santa María la Mayor; y levantar un templo que estuviese dedicado a María Magdalena.
Con el paso del tiempo, la devoción a la Virgen del Pilar fue en aumento. Felipe IV, en el siglo XVII, la instrumentalizó desde el punto de vista político, como elemento cohesionador de sus territorios, como escenificación de contar en sus dominios con el favor divino y como herramienta de lucha espiritual contra la Reforma protestante.
Tras la conquista de Zaragoza por Alfonso el Batallador, se habilitó un templo románico que tomó el relevo del visigótico; sin embargo, un incendio acaecido en el siglo XV obligó a afrontar la construcción de una nueva iglesia, que sería de estilo gótico-mudéjar y que no resultaría ser la definitiva.
La creciente devoción, ya citada antes, llevó en el siglo XVII a plantear levantar un inmueble mucho mayor. Debía rivalizar con la catedral de El Salvador pero no debía hacerlo en estilo gótico, sino siguiendo los nuevos cánones artísticos, ya que se había entrado en el periodo del Barroco.
El primer arquitecto que acometió esta empresa fue Francisco de Herrera el Mozo, completando la obra Ventura Rodríguez, que introdujo matices neoclásicos. Era el siglo XVIII. Los trabajos de construcción continuarían durante las centurias siguientes: XIX y XX, hasta quedar completamente rematada y tener la estampa actual.











