ASAJA denuncia que “la nueva subida del salario mínimo interprofesional, la quinta consecutiva sin consenso con la patronal, supone un golpe insostenible para el sector agrario, que ya enfrenta una crisis estructural debido al aumento de los costes de producción, costes salariales y sociales, y falta de mano de obra”.
El presidente de ASAJA, Pedro Barato, considera que “cualquier subida del salario mínimo es inasumible en el campo; desde 2016 el incremento ha sido del ochenta por ciento, lo que está llevando al límite a muchas explotaciones”. Señala que “nos enfrentamos a una tormenta perfecta: más costes, más rigidez y menos trabajadores; si no se toman medidas, muchas explotaciones desaparecerán”.
El Gobierno de España ha aprobado subir el salario mínimo interprofesional a 1.184 euros mensuales en catorce pagas. Por sectores, el treinta y uno por ciento de los perceptores trabaja en la agricultura. ASAJA añade que “el coste real para el empresario agrícola será de 1.925 euros por cada empleado; de esta cuantía, el trabajador verá descontados 720 euros en cotizaciones e impuesto sobre la renta, un aspecto que el Gobierno de España no aclara”.
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El proyecto europeo CO2-FrAMed ha visitado las instalaciones de riego fotovoltaico ya en funcionamiento en cinco comunidades de regantes de Huesca
Todo el consorcio del proyecto europeo CO2-FrAMed, que lleva por título “Agricultura libre de CO2 para la región mediterránea” y del que forma parte Riegos del Alto Aragón, ha visitado las instalaciones fotovoltaicas construidas en la provincia de Huesca y que ya están en funcionamiento. Pertenecen a cinco comunidades de regantes. FENACORE señala que “este proyecto cumple con el doble objetivo de dar estabilidad al regante a la hora de afrontar su coste energético y de reducir la huella de carbono, consumiendo la energía que producen las placas fotovoltaicas del propio agricultor”. Añade que “CO2-FrAMed demuestra cómo el apoyo de fondos europeos para tecnologías innovadoras puede traducirse en reducción de emisiones, estabilidad de costes y una transición energética real para el regadío”.















