Los presidentes de Aragón (Javier Lambán), Castilla y León (Alfonso Fernández Mañueco), y Castilla-La Mancha (Emiliano García-Page) se han reunido en Albarracín (Teruel) para hablar de despoblación. Piden agilizar el nuevo mapa de ayudas de la Unión Europea (no esperando a 2022), y siguen demandando mejoras en la financiación autonómica y en la Política Agraria Común (PAC).
Aragón y las dos Castillas reclaman al Gobierno de España que las áreas poco pobladas adyacentes a las provincias de Teruel, Soria y Cuenca también puedan acceder a las subvenciones para las empresas susceptibles de instalarse en esos territorios.
Esta posibilidad beneficiaría en Aragón a Campo de Belchite, Campo de Daroca, Ribera Baja del Ebro, Aranda e incluso a Calatayud. Se cita igualmente en el caso de Castilla-La Mancha la Sierra Norte, Señorío de Molina y La Alcarria.
Piden igualmente que los parámetros que marcan las nuevas directrices, publicadas por la Comisión Europea el pasado 19 de abril, entren en vigor en cuanto el Ejecutivo comunitario apruebe el nuevo mapa de ayudas, sin esperar al año que viene.
El Gobierno de Aragón dice que en Albarracín “se ha puesto el acento en asuntos que siguen siendo vitales para garantizar la supervivencia del medio rural, tales como la mejora de la financiación autonómica y una PAC que elimine derechos históricos”.
Respecto a la Política Agraria Común se insiste en “la eliminación de los derechos históricos, y que se vincule a la agroalimentación y la creación de regadíos, así como a las energías renovables, que además de ser reguladas deben servir para impulsar el desarrollo de las zonas en las que se instalan”.
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Santa María la Mayor (el Pilar), apuesta de Zaragoza tras su conquista por Alfonso el Batallador
ALBERTO CEBRIÁN
La basílica del Pilar es uno de los iconos de Zaragoza. Está claro que no es un templo medieval, sino posterior. ¿Por qué se puede decir que fue clave para su existencia e, incluso, para la propia devoción a la Virgen el periodo en el que esta ciudad estuvo en manos del rey aragonés Alfonso el Batallador, que la conquistó en 1118?
La respuesta aparece en la novela histórica El Batallador y Granada, obra de quien suscribe, si bien se puede apuntar de forma breve que, hasta ese momento —comienzos del siglo XII—, la gran advocación en Zaragoza había sido la de Santa Engracia, aunque la madre de Jesucristo ya tenía su propio templo.
Éste era la iglesia de Santa María la Mayor, contigua a la domus romana en la que se encontraba la columna de jaspe —el pilar— vinculada, según la tradición cristiana, a la visita de la Virgen. Recuerden que en el año 2040 se cumplirá el segundo milenio de esa efemérides; ya hay carteles alusivos a ello en la basílica del Pilar.
Los citados inmuebles —iglesia y domus— estaban situados junto al río Ebro. El templo era de origen visigótico, el cual podía ser usado y visitado en tiempos de la Zaragoza islámica, llamada por entonces Saraqusta. Ha quedado dicho: podía ser usado y visitado en tiempos islámicos pero no restaurado, por lo que su estado de deterioro fue progresivo.
Cuando Alfonso el Batallador entró en la ciudad, y siendo obispo Pedro de Librana, se adoptaron varias decisiones: una de ellas fue consagrar la mezquita aljama como catedral, en honor a El Salvador en su Epifanía (las obras de remodelación tardarían varias décadas en llegar); recuperar y dignificar la iglesia de Santa María la Mayor; y levantar un templo que estuviese dedicado a María Magdalena.
Con el paso del tiempo, la devoción a la Virgen del Pilar fue en aumento. Felipe IV, en el siglo XVII, la instrumentalizó desde el punto de vista político, como elemento cohesionador de sus territorios, como escenificación de contar en sus dominios con el favor divino y como herramienta de lucha espiritual contra la Reforma protestante.
Tras la conquista de Zaragoza por Alfonso el Batallador, se habilitó un templo románico que tomó el relevo del visigótico; sin embargo, un incendio acaecido en el siglo XV obligó a afrontar la construcción de una nueva iglesia, que sería de estilo gótico-mudéjar y que no resultaría ser la definitiva.
La creciente devoción, ya citada antes, llevó en el siglo XVII a plantear levantar un inmueble mucho mayor. Debía rivalizar con la catedral de El Salvador pero no debía hacerlo en estilo gótico, sino siguiendo los nuevos cánones artísticos, ya que se había entrado en el periodo del Barroco.
El primer arquitecto que acometió esta empresa fue Francisco de Herrera el Mozo, completando la obra Ventura Rodríguez, que introdujo matices neoclásicos. Era el siglo XVIII. Los trabajos de construcción continuarían durante las centurias siguientes: XIX y XX, hasta quedar completamente rematada y tener la estampa actual.










