“Gente miope, ¿qué os hace falta todavía para entender? ¿Pero no sabéis que la humanidad puede seguir viviendo sin ingleses, sin Alemania y por supuesto sin rusos? ¿Qué es posible vivir sin ciencia, sin pan, pero que sin belleza es imposible vivir, porque entonces al mundo no le quedará nada que hacer? ¡Ahí está el secreto! ¡Ahí está toda la historia! ¡Ni siquiera la ciencia podría existir un minuto sin la belleza! ¿Sabéis eso los que os reís de mí? ¡Se hundiría en la barbarie, no podría inventar ni siquiera un clavo!… ¡Yo no me rindo! –gritó absurdamente en conclusión dando un tremendo puñetazo en la mesa.
Stepan, uno de los personajes de la novela “Los demonios”, de Dostoievski, con su discurso enardecido trataba de despertar las almas adormecidas, luchando contra la sordera, ceguera e ignorancia de sus oyentes. Sin embargo, sólo consiguió arrancar sus burlas.
(…)
La belleza está en la conexión responsable para el bien entre lo humano y la naturaleza.
(…)
La Navidad nos trae a la familia y el amor como eje en ese camino ineludible a lo infinitamente grande. La belleza suprema existe en cada uno de nosotros. Ése es un camino que todos tenemos derecho a recorrer porque está reservado para cada uno.
Y así podemos afirmar y concluir que se puede vivir sin aragoneses, sin vascos, sin catalanes, sin gallegos, sin navarros, castellanos o andaluces, pero no se puede vivir sin cada uno de nosotros. No se puede vivir sin Navidad. No se puede vivir sin la belleza.
¡¡Feliz Navidad!!”.
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