El consejero de Agricultura, Ganadería y Alimentación del Gobierno de Aragón, Ángel Samper, ha sido el encargado de clausurar la jornada de celebración del cuarenta aniversario de AFAMMER Alto Aragón. Este evento ha tenido lugar en el Centro de Congresos de Barbastro, con el lema “Cuarenta años creando familia” y con la asistencia de unas cuatrocientas personas. AFAMMER Alto Aragón cuenta con unas tres mil socias.
Se ha hablado sobre el papel de la familia y la mujer en el ámbito rural, y sobre la voz de la mujer en el medio rural. Ha sido en sendas mesas redondas. A lo largo de la jornada se ha homenajeado a Adoración Arcas, María Rebeca Tricas, Esther Villacampa y María Torrente, todas ellas comprometidas con la agricultura y la ganadería del territorio.
Algunas de las reflexiones que se han realizado en esta jornada conmemorativa han sido éstas:
– Pilar Godé, presidenta de AFAMMER Alto Aragón: “Hoy conmemoramos cuatro décadas de trabajo y esfuerzo de un gran equipo pero también ponemos en valor y reivindicamos el papel de la mujer en el medio rural como motor de crecimiento”.
– Carmen Quintanilla, presidenta nacional de AFAMMER: “Doy las gracias a AFAMMER Alto Aragón por el gran trabajo realizado, a las autoridades y asistentes que han venido a acompañarnos hoy en esta jornada donde queremos poner en valor el legado que hemos conseguido para la igualdad de oportunidades pero también que es necesario un feminismo de la cooperación en el que hombres y mujeres trabajemos codo con codo para seguir avanzando”.
– Ángel Samper, consejero de Agricultura, Ganadería y Alimentación del Gobierno de Aragón: “Sin la mujer en el medio rural no es posible la actividad agraria ni el desarrollo del territorio. En estos cuarenta años AFAMMER ha trabajado intensamente por mostrar la fuerza de las mujeres rurales de la provincia de Huesca. Desde nuestro departamento seguiremos impulsando la incorporación de mujeres a las explotaciones agrícolas y ganaderas de Aragón”.
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Santa María la Mayor (el Pilar), apuesta de Zaragoza tras su conquista por Alfonso el Batallador
ALBERTO CEBRIÁN
La basílica del Pilar es uno de los iconos de Zaragoza. Está claro que no es un templo medieval, sino posterior. ¿Por qué se puede decir que fue clave para su existencia e, incluso, para la propia devoción a la Virgen el periodo en el que esta ciudad estuvo en manos del rey aragonés Alfonso el Batallador, que la conquistó en 1118?
La respuesta aparece en la novela histórica El Batallador y Granada, obra de quien suscribe, si bien se puede apuntar de forma breve que, hasta ese momento —comienzos del siglo XII—, la gran advocación en Zaragoza había sido la de Santa Engracia, aunque la madre de Jesucristo ya tenía su propio templo.
Éste era la iglesia de Santa María la Mayor, contigua a la domus romana en la que se encontraba la columna de jaspe —el pilar— vinculada, según la tradición cristiana, a la visita de la Virgen. Recuerden que en el año 2040 se cumplirá el segundo milenio de esa efemérides; ya hay carteles alusivos a ello en la basílica del Pilar.
Los citados inmuebles —iglesia y domus— estaban situados junto al río Ebro. El templo era de origen visigótico, el cual podía ser usado y visitado en tiempos de la Zaragoza islámica, llamada por entonces Saraqusta. Ha quedado dicho: podía ser usado y visitado en tiempos islámicos pero no restaurado, por lo que su estado de deterioro fue progresivo.
Cuando Alfonso el Batallador entró en la ciudad, y siendo obispo Pedro de Librana, se adoptaron varias decisiones: una de ellas fue consagrar la mezquita aljama como catedral, en honor a El Salvador en su Epifanía (las obras de remodelación tardarían varias décadas en llegar); recuperar y dignificar la iglesia de Santa María la Mayor; y levantar un templo que estuviese dedicado a María Magdalena.
Con el paso del tiempo, la devoción a la Virgen del Pilar fue en aumento. Felipe IV, en el siglo XVII, la instrumentalizó desde el punto de vista político, como elemento cohesionador de sus territorios, como escenificación de contar en sus dominios con el favor divino y como herramienta de lucha espiritual contra la Reforma protestante.
Tras la conquista de Zaragoza por Alfonso el Batallador, se habilitó un templo románico que tomó el relevo del visigótico; sin embargo, un incendio acaecido en el siglo XV obligó a afrontar la construcción de una nueva iglesia, que sería de estilo gótico-mudéjar y que no resultaría ser la definitiva.
La creciente devoción, ya citada antes, llevó en el siglo XVII a plantear levantar un inmueble mucho mayor. Debía rivalizar con la catedral de El Salvador pero no debía hacerlo en estilo gótico, sino siguiendo los nuevos cánones artísticos, ya que se había entrado en el periodo del Barroco.
El primer arquitecto que acometió esta empresa fue Francisco de Herrera el Mozo, completando la obra Ventura Rodríguez, que introdujo matices neoclásicos. Era el siglo XVIII. Los trabajos de construcción continuarían durante las centurias siguientes: XIX y XX, hasta quedar completamente rematada y tener la estampa actual.











