La Asociación de Defensa Sanitaria (ADS) Ovioroel, de la comarca altoaragonesa de la Jacetania, hace público un comunicado, a raíz de los ataques que han sufrido rebaños de ganado ovino de este territorio. Esta ADS es el resultado de la agrupación de 50 ganaderos de los municipios de Aísa, Borau, Castiello de Jaca, Jaca y Santa Cruz de la Serós. Tienen más de 22.000 cabezas de ovino y caprino.
COMUNICADO
“La ganadería extensiva es una actividad económica acorde con el desarrollo sostenible que hoy en día persiguen todas las administraciones para cualquier tipo de territorio; y, en especial, es una actividad que genera el mantenimiento del medio rural que, por otra parte, es visitado durante determinadas épocas por una gran afluencia de turistas que buscan precisamente un entorno cuidado y seguro.
Es una actividad que además contribuye a frenar el riesgo de incendios forestales, ya que este ganado contribuye a limpiar los montes de una forma sostenible y sin necesidad de introducir maquinaria para llevar a cabo estas labores.
En las últimas décadas cada vez es menor el número de personas dedicadas a la actividad del sector primario, y es fundamental no ponerles más trabas de las que ya tienen para seguir viviendo y trabajando en estos pueblos pequeños que contribuyen a vertebrar el territorio, pues aun siendo muchos de ellos muy pequeños suponen una red de cultivos, pastos y ganados conectados entre sí y que ayudan a hacer el paisaje que conocemos.
Los ganaderos y agricultores son quienes mejor conocen el territorio; son gentes arraigadas a los pueblos que saben que para que sigan teniendo futuro han de cuidarlos, de allí que sean los verdaderos guardianes del medio rural.
La convivencia del lobo, un animal salvaje, con la ganadería extensiva sólo se da en los cuentos y en la fantasía.
El lobo es una seria amenaza para el presente de la ganadería en el medio rural.
Igualmente, es necesario el diálogo cuando desde los despachos de las grandes capitales se toman decisiones que implican al medio rural y sus habitantes, y para ello un paso imprescindible es que se les consulten las diferentes políticas que quieren aplicar.
Se busca poder vivir de estas actividades, no de las ayudas y subvenciones que se puedan dar para lo que dicen es compensar la pérdida del ganado por causa del lobo”.
Otras noticias
La agricultura, sin la que no habría sido posible la llegada de la civilización, celebra este miércoles, 9 de septiembre, su Día Mundial
ALBERTO CEBRIÁN
El ser humano habita en sociedad, y se considera que vive de forma civilizada. Al menos, eso es lo que se dice. Ello es posible gracias a que en tiempos remotos se produjo el nacimiento de la agricultura y la ganadería. Sin estas actividades, la civilización no habría sido posible. Es una reflexión que se puede realizar en el marco del Día Mundial de la Agricultura, que se conmemora todos los 9 de septiembre.
Esta efemérides pretende “rendir homenaje a quienes trabajan la tierra y producen alimentos”. Se lanza el mensaje de que “la agricultura es la base de la alimentación y de la economía global”.
En este 2026 la conmemoración coincide con el Año Internacional de la Mujer Agricultora. El objetivo de éste último es “poner de relieve el papel esencial que desempeñan las féminas en los sistemas agroalimentarios —desde la producción hasta el comercio—, a pesar de que a menudo no se les reconoce”.
Día Mundial de la Agricultura y Año Internacional de la Mujer Agricultora se conmemoran por iniciativa de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
AGRICULTURA, CLAVE DE BÓVEDA DE LA CIVILIZACIÓN
El ensayo El bazar infinito, obra de quien suscribe, explica cómo surgió la agricultura y la ganadería en el mundo, un fenómeno que supuso, tal y como ha quedado dicho, el nacimiento de las distintas civilizaciones: Mesopotamia, Egipto, China, la India, los Andes y Centroamérica.
Lo que cuento en El bazar infinito es lo siguiente:
“Tras el origen de la Tierra y el nacimiento de la vida, y una vez que había aparecido el ser humano, éste vivió un proceso determinante para su evolución. Ocurrió hace unos diez mil años, todavía en la prehistoria, y consistió en el surgimiento de la agricultura y ganadería; ello supuso que los humanos dejasen de ser trogloditas.
Los moradores de las cavernas habían sido nómadas hasta ese momento, organizados en grupos pequeños. Todos sus integrantes tenían el objetivo común de sobrevivir. Obtenían alimentos gracias a la recolección de raíces, plantas y frutos, así como a través de la caza de pequeños animales silvestres (reptiles, roedores,…). Fueron aprendiendo paulatinamente a capturar piezas más grandes y también a pescar.
La observación del comportamiento de la naturaleza trajo consigo un cambio importante en el modo de vida. El ser humano fue domesticando las plantas y los animales, lo que provocó que los asentamientos de población pasaran a ser estables, formando pequeñas aldeas.
Todo parece indicar que la aparición de la agricultura y ganadería se produjo de forma paralela e independiente en distintos puntos del mundo, como Mesopotamia, Egipto, China, la India, los Andes y Centroamérica. Las aldeas crecieron en tamaño y en nivel de organización, dando lugar a las primeras ciudades.
La evolución no se detuvo y esas sociedades llegaron a alcanzar un grado de sofisticación muy elevado, sobre todo en el primer milenio antes de Cristo y en concreto con el apogeo de la Grecia clásica.
A finales de la prehistoria y en las primeras civilizaciones, el comercio estuvo fundamentado en el trueque de productos y servicios. Sin embargo, se fue haciendo más complejo conforme crecieron los excedentes de materias primas y manufacturas. Se inventó el dinero, comenzó a usarse la escritura y entró en juego el transporte marítimo.
Como grandes expertos en esta materia —comercio y navegación— encontramos a los fenicios, con los que se alcanzó el primer fenómeno de globalización; fue en el mar Mediterráneo”.
Y, claro está, la historia continuó, con la llegada de la antigua Roma, la Ruta de la Seda, Venecia, el dominio aragonés del Mediterráneo, el descubrimiento de América y la gran ruta comercial que unió Asia, América y Europa, en manos del Imperio español. Nada de todo ello habría ocurrido sin la llegada de la agricultura, verdadero fenómeno disruptivo que se conmemora este miércoles, 9 de septiembre.














