Las cooperativas vinícolas de España, Francia e Italia (que representan más del 50 por ciento de la producción europea) han celebrado un debate público sobre el futuro del sector del vino. El título ha sido “La crisis y una estrategia para el futuro”.
En este evento se ha apuntado que “es necesario reforzar el sector, ya que el 2021 no se perfila como un año de recuperación económica para los vinos europeos sino más bien como un año de vigilancia, para evitar los excesivos desequilibrios del mercado por la bajada de la demanda mundial”.
Ángel Villafranca, presidente de Cooperativas Agro-alimentarias de España, pide a las administraciones comunitarias la “necesidad de contar con un presupuesto extraordinario a tres años para el relanzamiento y la construcción de un sector vitivinícola europeo fuerte, duradero y decididamente sostenible, que ayude eficazmente al sector y entre todos consigamos que ninguna bodega, por pequeña que sea, tenga que cerrar debido a la crisis de la COVID-19”.
Pau Roca, director de la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV); y Denis Pantini, director del Wine Monitor at Nomisma, han hablado de la “situación complicada que atraviesa el mercado vitivinícola, caracterizada sobre todo por la bajada generalizada del consumo como consecuencia del cierre del canal HORECA (hasta más de un 10 por ciento), el descenso de las exportaciones tanto en volumen como en valor (salvo excepciones como Australia y Nueva Zelanda), y una coyuntura marcada por la incertidumbre para los próximos años”.
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El proyecto europeo CO2-FrAMed ha visitado las instalaciones de riego fotovoltaico ya en funcionamiento en cinco comunidades de regantes de Huesca
Todo el consorcio del proyecto europeo CO2-FrAMed, que lleva por título “Agricultura libre de CO2 para la región mediterránea” y del que forma parte Riegos del Alto Aragón, ha visitado las instalaciones fotovoltaicas construidas en la provincia de Huesca y que ya están en funcionamiento. Pertenecen a cinco comunidades de regantes. FENACORE señala que “este proyecto cumple con el doble objetivo de dar estabilidad al regante a la hora de afrontar su coste energético y de reducir la huella de carbono, consumiendo la energía que producen las placas fotovoltaicas del propio agricultor”. Añade que “CO2-FrAMed demuestra cómo el apoyo de fondos europeos para tecnologías innovadoras puede traducirse en reducción de emisiones, estabilidad de costes y una transición energética real para el regadío”.














